viernes, 7 de diciembre de 2012

Inútil y Normal (Entrada actualizada y con corrección de estilo).


Tengo novia. La semana pasada, una cita por la noche caminando en el centro de la ciudad concluyó en una relación de "chicle y pega". Ambos acordamos ver qué sucedía con nosotros, no tomarlo muy en serio y dejar que avanzara a su propio ritmo.

Yo, desde el principio me rehusé a la idea; no porque le tema a las relaciones, si no porque ella no sería por el tipo de mujer por la que me arriesgaría. El martes tuvimos una pequeña cita en mi casa. La invité a ver la película de "Sin City". Se comportó muy cariñosa y puso toda la iniciativa… Eso me agradó bastante.
De alguna forma no puedo quejarme, durante esta escasa semana ha asumido bien su rol de novia; pero también de ahí deriva mi insatisfacción: se va a volver predecible.

Todo el fin de semana no supe de ella. Caso contrario, conviví gran parte del tiempo con una amiga que venía de visita.

El Sábado un error que cometí en el trabajo me costó mi estancia en la sucursal. El supervisor de gerentes decidió que ése no era mi sitio y sin consultarme arregló todo para cambiarme de sucursal.
Ahora atiendo a la gente directamente, estoy más relajado, un poco más cerca de mi casa y veo personas todo el día, por lo que el tiempo transcurre más rápido.
Pero mis primeros tres días fueron desastrosos, con errores y nuevamente fui objeto de observación por parte del supervisor de gerentes.
Me hicieron sentir como el peor de los inútiles, cómo en la otra sucursal. Francamente a veces no dudo que quisieran simplemente despedirme.

Ahora tuve cita con la psicóloga y tras charlar un gran rato sobre mi trabajo, comenzaron a generarse ideas erróneas sobre mí, por ejemplo, que estaba muy infeliz, cuando, desde “El buen fin” mi padre no ha parado de complacerme con “regalos”. Lo sé, son trivialidades, pero habemos quiénes necesitan ciertos detalles para vivir.
Chistoso: criticaban mi frialdad al charlar y que nunca cuento cosas buenas. Me pregunto: ¿Quién va con el psicólogo a platicar alegrías? Creo que para eso tengo amigos, ¿no?
Hablamos sobre mi nueva relación. Parece que sólo entiendieron lo superficial del asunto pues no sólo no siento una atracción física por ella, si no que simplemente no cumple mis altas expectativas, esas que decidí colocar muy alto para estar seguro de toparme con alguien que valiera la pena y no simplemente de conformarme. Siendo sincero, mi novia no puede con ellas... porque es demasiado normal, nada extraordinaria ni de físico ni de intelecto.

Charlaba con una amiga sobre su nueva relación. Me decía ella que era especial (la relación, él y ella, él, TODO [con esas palabras exactas lo describió]) y entonces llegó hacia mí la epifanía de porqué mis altas expectativas: Porque quiero merecer algo especial para sentirme especial. Quiero sentirme afortunado de tener a una bella e inteligente chica a mi lado y no alguien que simplemente tomó mucho afecto a alguien, quiero estar con alguien dónde cada momento sea algo para atesorar y no un simple hecho qué recordar para ser detallista en un futuro. No, no quiero cometer el error de desperdiciar 5 o 10 años con alguien y casarme sólo porque es el siguiente paso, para 20 años después darme cuenta que no encontré lo que buscaba porque me cansé de buscar y agarré el primer sustituto que vi.
No, no estoy enamorado de mi novia aún después de imaginar que hoy, siendo mi día de descanso y al no visitarme, estaría ocultándose de mí o que simplemente le dio pereza; eso me provocó celos y, lo poco que habíamos logrado se me cayó en ese momento...

Mi vida va gris (como quisieron darme a entender mi psicóloga y su practicante). Y aunque estos últimos días he estado contento, esa insatisfacción está ahí, recordándome que hay algo que se me escapa.

Fallando en el trabajo, fallando conmigo mismo, mis hobbies y aficiones, fallando a una relación, no puedo más que sentirme alguien mediocre, alguien poco especial que anda con alguien poco especial y sin sentir algo verdaderamente especial por ella.

De niño siempre fui muy bueno en matemáticas. Hasta el álgebra era muy natural. Ahora, pese a esa costumbre que tengo de sumar números, como todos los dígitos de un boleto de camión o hacer cuentas mientras camino, he perdido mi don matemático.

Los números ya no son mi fuerte ahora que soy adulto... de la misma forma, supongo, ya no lo es eso de enamorarme como adolescente.

No sólo me alienaron, me hicieron bajar de escalón.

martes, 6 de noviembre de 2012

"Día de muertos" (pérdida, adioses y otras celebraciones implícitas).


Hace 4 días fue el día de muertos. Es una tristeza cómo lo pasé: Trabajando. Desperté en casa de mi madre después de un concierto algo decepcionante y regresé pronto a mi casa para componer mis amadas calaveritas...

Desde que era niño, en la primaria para ser precisos, mis dotes de "escritor" se daban a relucir en actividades textuales pero sobre todo, en esos bellísimos días de muertos. Recuerdo pasear por toda la escuela para encontrar calaveritas. Las buscaba, las necesitaba, requería compararme y pensar quiénes escribían calaveritas mediocres y quiénes realmente se esmeraban haciéndolas, guardando la estética (aunque a esa edad no sabía ni el significado real de la palabra).
Poco a poco fui mejorando hasta que tengo memoria de haber hecho una calavera de 16 versos en sexto año, incluso, parecía popurrí prosaico.

Me gustaban los colores, el papel de china morado y negro, el cempazuchitl y los platillos sobre el altar que despertaban mi apetito pero estaban ahí para deleite "de alguien más".


Con el tiempo crecí y le perdí el gusto a la celebración o al menos, mi atención se fue hacia otro lado. Aún veía calaveritas por ahí y el cariño era el mismo: estaban ahí para recordarme que era bueno escribiéndolas aunque, bueno, en secundaria simplemente no quise participar en el exhibicionismo (de mi desconfianza).
Hace un par de años recobré el amor a esa parte del día de muertos y comenzó a cautivarme la celebración, a tal grado, que se ha convertido en mi nueva navidad.

Me gustaría ver a todos mis conocidos comiendo pan de muerto con un chocolate envinado y celebrando por nuestros muertos, por aquellos que ya sólo están impregnados en la memoria, un día donde la celebración es uno de los axiomas existenciales: todos terminamos partiendo tarde o temprano.

Yo, en lo personal, aún tengo dudas con la muerte. Recientemente, todo lo que viví me hace pensar que si yo partiera ¿Sería igual? ¿Quién no ha tenido ganas de morirse sólo para saber que sí hace falta en el sitio donde coexiste? (aunque a veces nos gane el miedo de descubrir lo contrario ¿no?).
Pero jamás me ha cruzado la idea de perder a alguien querido y es que... soy un poco frío al respecto. Todo es resultado de que jamás he perdido a alguien muy querido. En mi infancia, la tía más apreciada por mi mamá y por toda mi familia paternal falleció de un cáncer incurable. Todos le lloraron y aún, mi madre cuenta,  se le extraña y que su muerte fue un punto divergente en la familia. La semana anterior (28 de Octubre) se cumplían 11 años de que una de las mascotas que más hemos querido falleció drásticamente arrollado por un motociclista en un paseo que mi padre y mi hermano mayor realizaron.
Le comenté a mi hermana el aniversario y se sorprendió. Ella me comentó que para ella, la pérdida más fuerte que había sufrido había sido precisamente la de aquella tía y que a la fecha aún dudaba haberlo superado.


En alguna ocasión, mi madre nos hizo visitar su tumba en un panteón no muy lejos de su casa. Siendo honestos, no sé charlar con los muertos.
Y es que nunca se ha ido alguien que de verdad haya trascendido en mi vida. Mis hermanos, mis padres, mis primos, tíos más cercanos y mejores amigos están ahí, vivos. Los pocos familiares que han fallecido no eran cercanos y no recuerdo llorarles. Familares de amigos han muerto y la empatía me ha hecho llorar por su dolor, pero no por el propio. Incluso lloré mucho cuando el abuelo de mi Ex falleció y vi a ella y a sus familiares llorarle... Ahí entonces encontré la muerte.
Cuando su abuelo murió, sentí que moría definitivamente mi ex y su memoria, lo que ella era, lo que fue y lo que pudo ser: expiraron todos los sueños. Su familia era patriarcal y el abuelo era la cabeza. Si en alguna ocasión pensamos en contraer nupcias, el abuelo hubiera dado el consentimiento encima de la autoridad de su madre, pero eso se fue con su muerte.

Lo que viví con ella fue lo más cercano a la muerte de un ser querido: La perdí, se fue, partió y no volvió. Ahí estuvo su ausencia alimentando mi desvelo y chupando de mi tranquilidad. Mi vida cambió radicalmente cuando eso sucedió...
Y obvio, no fue fácil digerir la idea, tanto que pensé que sería más fácil matarla para volver real el luto y no simple y humana impotencia; por suerte (de ella), no lo hice. Hoy, una compañera de trabajo dijo que se tatuaría la frase de "Decir adiós es crecer", supongo que hay algo de razón en ella, aunque para mí olvidar es dejar morir.

Una vez, un compañero de secundaria falleció también producto del cáncer. El día de su misa muchos de mis excompañeros de secundaria no disimularon que fue un buen pretexto para verse y saludarse; a mí eso me indignó, pero por no ser un amigo cercano, con el pasar del tiempo se fue.


Aún no sé cómo reaccionaría ante la muerte de un hermano, un amigo cercano o mis padres pero he llegado a calcular que tal vez mi reacción sea fría y poco cálida... o me derrumbaría. Cualesquiera que sean mis reacciones, sé que el impacto me tomará por sorpresa.

Tal vez ahí es donde nace mi fascinación por esta festividad necrófila: amamos la muerte porque no la comprendemos, porque no entendemos como es tan clara y aplastante su verdad. Y bueno, hay más qué celebrar en ella que una celebración antiguamente azteca adaptada a las condiciones de comercio, valores  y de exigencia familiar en nuestra era moderna (me refiero a la navidad).

Si me lo preguntan, podría decir, incluso, que todos estamos muertos y sólo vivimos para completar esa muerte lenta. Habemos unos más muertos que otros: unos que tenemos que trabajar más de la mitad de su día y cuando llegamos a casa ya estamos pensando en descanso infinito; somos muchos los que nos sentimos muertos, sin poder salir de una fosa social que nos impide pisar los pastizales del colorido camposanto; bastantes que sienten que se pudren por dentro y que es cuestión de tiempo para que la vida les cobre la hipoteca corporal; algunos otros son del tipo "muerto caminante", que creen estar vivos sólo porque andan, aunque su único motivo es seguir como caminantes... Y tras todos estos muertos, habemos los que no caminan con otros muertos, los olvidados, los solitarios, los que los mismos cadáveres cercanos ignoran que tienen de vecino. "Vivimos" en fosas comunes esperando ser identificados, esperando un nombre, un reconocimiento y un "te vamos a extrañar"... estamos muertos esperando que alguien nos diga: "No mueras, porque perderemos una parte de nosotros".

Bajo esa analogía, bueno lector, yo me considero bastante muerto... aunque la metáfora trillada me sirva en este caso: estoy de muerto por dentro pero de pie como un árbol.
Honren mi vida difunta con una calaverita.

sábado, 27 de octubre de 2012

Rostros y máscaras


En la vida todo es una puesta en escena. En efecto, todos somos el papel que queremos (o debemos) desempeñar. Goffman ya lo había explicado perfectamente en su teoría de la "Dramaturgia Social" y aunque su ejemplo es burdo y carente de rigor científico (esa caprichosa palabra), lo cierto es que de momento, tanto para psicología, sociología, comunicación, política, filosofía (¿existe?) y demás ciencias sociales es uno de los mejores modelos de el porqué y los quiénes del comportamiento humano.

En mi particular caso, sin duda estoy consciente de los papeles que me toca interpretar. Seguido soy el hermano consentidor, el niño que juega con su hermana menor, el compañero de charla, el hijo pedrilecto o el pequeño convaleciente. He sido mejor amigo, discípulo, maestro, amante perfecto, amante encubierto, yerno de ensueño, cuñado y compadre, acople, alumno destacado y rebelde de la clase; revolucionario idealista y sociópata fascista; mesías, ídolo, padre para algunos y antihéroe, bufón y poeta; he sido un hijo de puta y un santo; ladrón y ciudadano ejemplar; amigo, conocido, desconocido, pretendiente y "mejor amigo" para infinidad de mujeres... He sido de todo pero, ¿alguna vez fui yo?

Hoy por la tarde, un compañero de trabajo me preguntó en el comedor por qué decidí renunciar. Le comenté que si quería escuchar la versión oficial o la versión verdadera "verdadera". El más común de los morbos le hizo responder que la versión real. "Bueno", le comenté - "es una historia larga pero te la resumiré...", justo en ese momento iba entrando un compañero del que no doy ni un miligramo de confianza. Rápidamente, interrumpí la plática para hacerme el gracioso con él al entrar y evadir el escenario de confesionario. Estuve a punto de contarle todo: de cómo detestaba el conflicto de confrontación por dinero con los repartidores, que no toleraba la presión, que no sentía que me interesara el trabajo y sobre todo, que estuve a punto de suicidarme y que comenzaría un tratamiento intensivo de terapias y fármacos para mi depresión crónica... Pero tuve que actuar, nuevamente.



Una mujer que en el pasado utilicé, quiere que esté con ella pero yo de antemano no la acepto como es... y le sugerí lo inhumano: cambiarla por completo para que sea lo que yo quiero ( y exijo) que sea. Aceptó... pero no me convence. No me convence porque yo estoy consciente de lo fatigante que es el protagonismo responsable; de lo agobiante que puede ser ser feliz pero no ser tú, de la opresión de la esencia misma... hasta el desconocimiento, justo como ahora me sucede.

Mi chica ideal, siendo sincero (y estúpido) es una mujer como yo, simplemente. Ya no estoy dispuesto a cambiar por nadie que no sea esa persona que me garantice todo. Necesita una zona de confort, un sitio donde NO ACTUAR, un camerino amoroso donde ser un cerdo o un caballero sea lo mismo porque todo eso es YO. Quiero desnudarme ante alguien y descubrir que no estoy solo, porque esa persona se desnuda ante mí y tenemos las mismas llagas a causa de la incomprensión. Quiero un lugar donde pueda estar en paz y no me adapte, si no que la naturalidad sea premisa para la armonía del convivio.

Yo, tan harto de fingir ser lo que soy pero no soy (nunca se puede actuar en la oposición de lo que se es), quiero encontrar un punto ciego social donde pueda actuar sin papel designado con un solo propósito: DESCUBRIR QUIÉN SOY VERDADERAMENTE, qué hay detrás de mis 1000 máscaras diplomáticas, qué rostro me dibuja.

¿Quién soy fuera de mis pretensiones que son un reflejo de las expectativas ajenas? Llevo tanto tiempo actuando que no recuerdo que soy en realidad...

Y buscando, en este carnaval anárquico que ustedes parafrasean como "vida en sociedad", entre tantas máscaras, entre tanto disfraz, busco el rostro suave y delicado de la felicidad.

Aunque en una metáfora más profunda, si la felicidad tuviera un rostro, si la felicidad fuera un personaje, sería SLENDER MAN: un sinrostro siniestro, inesperado, sorpresivo... que lleva todo al borde del suspenso.




miércoles, 24 de octubre de 2012

Una vida con depresión: vivir o no vivir.

Mi madre siempre ha sufrido depresión crónica. Cuando era niño, una vez se puso tan fuerte su depresión que marcó a una ambulancia para que la asistieran. Me ha tocado verla, en el transcurso de mi adolescencia, plañir secretamente en la soledad de su habitación... aún sabiendo que la escuchábamos.

Estoy casi seguro que los dos más afectados por su condición hemos sido los dos últimos hijos: mi hermana menor y yo. Es posible que heredáramos esa disfunción cerebral (si existe tal) que predispone a la depresión, o tal vez que aprendiéramos el hábito de ver todo en un infinito y cíclico sinsentido. Pero también he aprendido de ella trucos, atajos para sobrellevarla en el día con día como quien acepta su monstruo interior.
Hoy descubrí, al visitarla fugazmente, que ya soy bueno escondiendo mi estado deprimido. La visité, quería llorar (lo juro) y sin embargo estuve sonriente, hice un par de chistes e hice comentarios desairados habituales que a nadie sorprenderían. Me fui de ahí y la voz de mi madre confiada al despedirme me dio a entender que, en efecto, me hecho de una máscara para sobrevivir la vida en sociedad, porque ¿Quién quiere como amigo a alguien que sólo vive o ve la vida como una desgracia?
Recuerdo que en la preparatoria solía deprimirme pero no era bueno disimulándolo. Me alejaba, y daba vueltas y vueltas por ahí. Escuchaba música en mi celular pero lo hacía solo porque, si algo nunca compartí con alguien, fueron los mismos gustos musicales. Recuerdo, incluso, una vez llegué tan deprimido que comencé a llorar de la nada, a llanto tendido. Eso ya no sucede... no al menos, en público.

Todos creen que después de lo que pasó han cantado victoria porque ya no pienso en suicidarme... pero es radicalmente falso.

Hay días en que quisiera tomar una escopeta y vaciar los cartuchos a diestra y siniestra sobre la gente que me tope y al final volarme la cabeza como Kurt Cobain en forma de metáfora de que mi cerebro reventó por tanta presión.

Aún estoy terriblemente deprimido, aún me siento más marginado y solo que antes, no quiero imaginarme cuando, nuevamente, esté desempleado.
Hoy, en mi andar por la ciudad, múltiples veces visualicé formas de suicidarme: desde lanzarme de un segundo piso en una plaza comercial hasta cruzarme con los autos para ser arrollado. No, nadie debería creer que eso terminó; por el contrario, apenas empiezo a abrazar aún más la idea de la muerte como un final digno para una historia antes de que pierda su dignidad. 


Yo... yo ya le perdí el miedo a la muerte. Cuando la vida es algo indiferente, conservarla o no, no me afecta en lo absoluto. Para un ateo convencido como yo, la muerte no representa un fuego eterno que me impida dejarme morir o un paraíso apremiante, ni una segunda oportunidad en otra vida. Para mi escepticismo, no es mas que el definitivo adiós, el dormir involuntario y permanente, la ignorancia absoluta, la extinción del "yo"; para mí, morir es terminar con todo y qué más da ya lo que pase después de mi muerte: yo no estaré ahí para sentir tristeza, lástima, autocompasión o vergüenza por cómo haya muerto. Sí, mis familiares estarán muy tristes , pero ellos son más fuertes que yo, no veo el porqué no lo superen y mejor, vivan más felices sin la carga de alguien que no era autosustentable en su propia felicidad. 

En cambio, sí temo vivir. Me da miedo estar lo suficientemente vivo para descubrir mi propio fiasco, encontrarme con que no valía la pena quedarme. Tengo miedo a vivir lo suficiente para asquearme de hacerlo; miedo de vivir aburrido, con tedio, vivir alienado... Vivir porque no lo elegí yo pero "es lo que hay". Sí, tengo miedo a la opresión y a las autoridades absolutas, a no ser yo quién dirija mi vida, miedo (trillado) a vivir de rodillas. Según mi psicóloga, es una fobia que repito por temor a la autoridad tiránica que representaba mi madre. Suena elocuente, pero tengo mis reservas al respecto de la teoría (y de la psicología).

Desde que mi "episodio" suicida se hizo público, mucha gente me pregunta diario cómo estoy. También, algo que noté, es que todos me dicen que piense en la gente que me aprecia, en los que se preocupan por mí... Pero eso es falaz. Vivir para preocuparle a los demás es peor que suicidarse sin tomarle importancia a tus cercanos; vivir acosta de ellos es todavía más ruin.
Me han dicho que busque metas, que me proponga cosas: la mayoría de ellos no saben que ya las tengo y que precisamente estoy consciente de lo muy difíciles que será alcanzarlas, de lo mucho que tendré que sacrificar y del posible fracaso que alcance al intentarlo. Estaría dispuesto a jugar ese reto... si pudiera guardar partida y empezar de nuevo como en cualquier videojuego.


La única buena razón que tengo para vivir tal vez sea averiguar si hay una buena razón para haber vivido... En tal supuesto, supongo no ser el único en este limbo de apatía existencial.

lunes, 22 de octubre de 2012

Al filo de la autodestructividad (Porqué desaparecí de internet).

Para quiénes me conocen o me siguen por Twitter, sabrán de mi personalidad que tiende casi siempre a la depresión. Soy una persona que fácilmente se desilusiona y desanima, eso aunado a muchos trastornos que tengo en mi personalidad (ego, perfeccionismo, falta de autoapreciación personal, dependencia emocional, indisciplina, una justificada misantropía, etcétera), por lo que siempre me he considerado una persona conflictiva, inclusive, recuerdo que varias personas me han dicho que mi mirada tiene un tono de tristeza.
Les repito: mi naturaleza es la verdadera entropía.

Bueno, lo que sucedió esta semana redefinió todo, aunque tal vez el término más correcto para mi situación sería: "terminó por definir".

Desde que tengo memoria, suelo ser muy ocurrente con lo que me rodea. Soy de ese tipo de personas que si ve un arma de fuego o un objeto contundente ya está pensando a quién disparar o a quién apalear. Si veo un hacha, ya estoy pensando en cortar un árbol, si veo una sierra, ya estoy pensando en serruchar "lo que sea", si veo un martillo ya estoy pensando en qué destrozar, si veo un taladro, pienso en perforar algo... Soy práctico e inmediato en ese aspecto.
De la misma forma, soy de esas personas que si ve una cuerda y una viga, piensa en ahorcarse o si se encuentra parada desde un punto muy alto, piensa en lo que sería lanzarse despreocupadamente y esperar lo inevitable, de la misma forma en la que a veces me pregunto que sería apuñalarse directamente el corazón en público.

En este punto de la lectura, ustedes podrán constatar que no mentía cuando decía que mi naturaleza autodestructiva no era broma. Por lo general, gusto de meterme en problemas; pensaba que era una forma de probarme a mí mismo pero ahora pienso todo lo contrario.
Pero si usted cree que hago alarde de algo de lo que no me siento orgulloso, tal vez tengas razón, le aseguro que, conforme sigas leyendo, entenderás el porqué de éste "pavoneo" lastimero.


El fin de semana pasado fue pasivo. No salí con nadie y aunque tenía una fiesta el viernes, preferí no desvelarme ya que al día siguiente trabajaba temprano. El sábado ni siquiera me esmeré en buscar un pretexto para salir: ahí estaba la consola y mis ganas de huevonear exigiendo atención. Para el domingo, fui a trabajar y regresé rápidamente al salir para ir camino a casa de mi madre. Ese día recibí una llamada de Telcel sobre efectuar un pago para no cancelar mi contrato (lo cual, para quiénes desconozcan, es muy problemático, ya que entre los artículos de cancelación está la indemnización) por lo cual me entristecí un poco al pensar que mis deudas están lejanas de saldarse.
Fui allá, entregué un dinero y me entretuve jugando un rato con mi hermano. Intenté instalarle un dispositivo y al desistir le marqué a mi padre para que pasara por mí.
En el camino tuvimos una charla amena. Regresamos y nos dormimos. Al día siguiente las cosas ya estaban raras.

Sentía esa presión de estar solo, abandonado, esa intolerancia a estar vivo. No me sentía agusto de ninguna forma con mi situación. Ese día cerraba así que no hubo problema alguno en la tarde puesto que estuve muy ocupado, pero el día siguiente sí que fue un problema. Abrí temprano y por ende, salí en la tarde.
Ese mismo día mientras comía recibí otra llamada  y fue bastante desmotivante que, en lugar de recibir la llamada de un amigo, fuera un servicio de cobranza exigiendo un mínimo pago; me comprometí a pagar el jueves.

Al regresar de trabajar muchas cosas me rondaron por la cabeza. Como siempre he dicho, el transporte público es una buena forma de elaborar historias viendo tantos rostros ajenos, pero se convierte en una horrible desventaja cuando esperas que esas historias se hilen a ti y terminas siendo otro triste espectador. Pensaba en todo lo que me había sucedido, todo lo que me esperaba, si podría o no salir pronto de mi situación. Una chica atractiva me hizo bajarme una estación antes de la mía y decidí aprovechar para caminar y reflexionar un rato en lo que iba a pagar mi factura de Telcel (que se encuentra camino a mi casa). Caminé anónimamente y un poco avergonzado, aún no me acostumbro a mi actual aspecto tan pulcro y ridículo. Pasé por bares y vi estudiantes. Pasé por mi universidad (o anterior universidad, que, por cierto, también está de paso) y vi más universitarios por la tarde, platicando, dialogando, despreocupados, viviendo su juventud, siendo "felices". Sentí una terrible envidia por sus certezas, por estudiar y aprender, por ser remunerados cuando están siendo privilegiados, por vivir lo que les "corresponde". 


Pensaba en lo que me hacía falta pagar y lo que me hacía falta comprar, en las ganas que tengo de salir con una chica que me aprecie en verdad y no sólo me utilice como fuente inagotable de autoestima y consejos. Cuando llegué a la computadora, lo primero que hice fue cargar el capítulo nuevo de Dexter (una de mis series favoritas) que no había visto al día anterior por culpa del trabajo.
Mientras cargaba, estuve en Facebook un rato sólo para descubrir que una de las mujeres que me interesaban ya tenía novio. No había nada entre ella y yo, sólo un crush y fin, pero me convierto en un niño de 5 años al lidiar con el rechazo. Me sentí mal y rápidamente busqué alguien con quién iniciar una charla y desahogarme pero no encontré a nadie que pudiera entender mi situación. 

El capítulo cargó completamente. Lo vi por completo y al terminar de verlo sentí un enorme vacío (no sé si por la empatía que generó o simplemente porque acrecentó el hueco en mi interior), y me sentía extraño. Hablé con una chica de confianza y le dije que eliminaría mi Facebook y mi Twitter. A la par, hablé con la chica con la que hace poco tenía planes de vivir juntos (como pareja, que dicho sea de paso, tales planes se han cancelado ya) y no recibí ninguna palabra de aliento, sólo frialdad en las respuestas.
Esa misma noche desactivé mi cuenta y de la misma forma, los pensamientos suicidas comenzaron a rondar en mi cabeza. Recuerdo aún que alrededor de la madrugada comencé llorar sin recordar exactamente porqué.

Al día siguiente doblé turno y tenía esa sensación de conectarme a algún sitio. Abrí mi cuenta alterna de Twitter y al ver que muchos notaron mi ausencia, sólo contesté a ciertas personas. Decidí, de nueva cuenta, para evitar desahogos innecesarios borrar también mi cuenta alterna y lo hice...

Por la tarde, mi jefe inmediato, mi gerente y el supervisor de gerentes me mandaron llamar para charlar conmigo. Era el momento del ultimátum: mi semana de capacitación había terminado y querían ver una notable mejoría en mi desempeño, de lo contrario, tendrían que despedirme. Francamente, ya esperaba que hablaran conmigo... contesté animoso y convencido de querer quedarme (aunque ni de tonto mencioné que lo hacía porque la paga era buena aunque todo lo demás fuera un asco).
Esa misma tarde cometí muchos errores y me retiré del trabajo muy desmotivado. Al llegar a casa quise charlar con mi padre pero al final me retracté y me limité a conectarme a Internet. Me conecté a Skype y se encontraba la chica que ya tenía novio. Bueno, sólo se me ocurrió decirle "Nos vemos en la otra vida", y la borré.

Estuve ahí conectado un rato. Mientras, me propuse ver el video de Amanda Todd, el caso lo leí en la tarde y algo me impulsó a verlo, como buscando en ella el mal ejemplo a no seguir. Cuando terminé de verlo, nuevamente estaba llorando y, contrariamente a lo que pensaba, vi en ella una inspiración. Fue entonces cuando escribí mi último post... Ya tenía varias semanas en pensar en duplicar la dosis de Fluoxetina porque no había sentido mejorías y siempre he creído que soy algo inmune a las drogas o fármacos. Quise investigar si podría ser víctima de sobredosis en caso de que abusara y, nuevamente, en lugar de temerle, me gustó la idea.
Me dormí con un extraño hormigueo en el pecho y con la certeza de que mañana  tendría mucho tiempo a solas para pensar.

Me desperté hecho mierda, con una sensación de querer dormir y no poder. No estaba bien, algo andaba terriblemente mal en mí, era como una sensación de aire que subía y bajaba en mis adentros... y me presionaba.
Bajé a orinar, me vi en el espejo y no me gustó para nada lo que vi: yo y un puñado de ojeras debajo de ambos párpados reclamando un aspecto moribundo.
 Fue entonces que recordé que tenía que tomarme el medicamento... tomé el bote y me eché el resto de pastillas que tenía, luego bebí agua.
Me conecté y platiqué con mi hermana mayor sobre los efectos (ella es QFB) y me dijo que no lo intentara. Le confesé todo... intentó reanimarme, no pudo. Me desconecté. Comencé a llorar a llanto tendido y mientras me veía en el espejo, recitaba las canciones depresivas que escuchaba (porque, ¿qué es una depresión sin un buen SoundTrack que la acompañe?).
Estaba mal. Tomé otro frasco de pastillas y pensé en abrirlo. Pensé en las palabras de mi hermana y me detuve. Pero me sentía terrible. Recordé a Lorena y lo mucho que me hizo sufrir y las ganas de matarme en aquella ocasión cuando recién la había perdido. Otra vez miré hacia el frasco... "¡NO, NO, NO, NO!", me repetía en mis adentros mientras recitaba una canción y lloraba incesante.

Después, sentí nauseas y posteriormente sueño. Me acosté porque no quería ignorar al sueño. Desperté 15 minutos a la 1:00 pm y recordé que tenía que realizar ese pago que me comprometí. Me vestí y salí a caminar. Fui y realicé el pago, con miedo a la que cajera me viera con lástima por la cantidad que depositaba comparada a la que debía urgentemente. 

Me retiré de ahí y al sentir latiente mi necesidad de contacto humano y no habiendo sido la casualidad motivo para encontrar a alguien, decidí entrar a mi antiguo centro universitario para ver si encontraba a alguien. Caminé por sus pasillos, encontré un viejo compañero que se cambió de carrera. Me saludó y lo saludé nervioso, principalmente porque se encontraba rodeado de "gente bonita".
Seguí mi camino y decidí ir a comprar cigarros. Compré dos y el primero lo fumé. Resentí el ardor en el estómago mientras fumaba y me relajaba sentado en un banca, viendo a nadie y pensando en todo. "¿Qué iba a hacer?" La pregunta que dio vueltas de campana en mi cabeza todo ese rato mientras se consumía el cigarro. Lo terminé y me sentí extraño, impropio al ambiente. Decidí encender el otro cigarro y caminar mientras fumaba.
Caminé con la inocente esperanza de toparme con alguien de casualidad... y lo hice. Al terminar mi cigarro, me topé con una chica que conocí años atrás porque me atraía, le había pedido su número y al final nunca salimos, pero si charlábamos cada vez que nos topábamos.
La saludé, estaba nervioso. Ella comenzó a preguntarme qué cómo estaba (¿tendría idea de que en la mañana intenté intoxicarme?), que qué había hecho y esos convencionalismos para iniciar una vieja charla. Le volteé el rol y ella me contestó cómo le estaba yendo. Me contestó y yo comencé a contarle mi lastimera historia de haberme dado de baja de la carrera por no poder con la escuela y el trabajo. Luego, que vivía cerca, que sólo fui a caminar... Le pregunté que qué más había hecho y que si tenía novio. Evadió mis preguntas de forma incómoda, reiterando que le había ido muy bien y, al sentirla incómoda, finalicé la charla con "tengo que irme". Me despedí y le di un abrazado, el cual, sentí forzado, no hace falta mencionar que me sentí peor si no lo hubiera recibido ¿verdad?

Seguí caminando regreso a casa y me sentía un zombie. Aún tenía ganas de llorar. Al llegar a mi casa (que no es mía) me sentí igual de intruso que los primeros días que me mudé ahí. No reparé ni en saludar y subí directamente a mi habitación. Intenté jugar Mortal Kombat y al recibir paliza tras paliza, apagué la consola. Encendí la computadora pero no vi razón para tenerla encendida. Intenté, incluso, ver porno y no pasó nada. La apagué y volví a dormirme. Me despertó una llamada de mi madre diciéndome que si estaba deprimido, podría ir a verme. Le dije que estaba bien (mentí) y me volví a dormir al colgar.
Cuando desperté bajé a beber agua, me sentía crudo...
Aún estaban esas 28 pastillas de fluoxetina esperando por mí si realmente estaba decidido... en eso entró mi hermana menor.
El resto de la historia yace aquí.

Salí de casa de mi madre. Me pareció ver el auto de Lorena así que me quedé un rato en una esquina por si volvía, interceptarla y decir lo primero que me pasara por la cabeza, sólo quería desahogarme. Por suerte, eso no sucedió así que después de una hora y cuarto me retiré y me fui a mi casa.
Al regresar, estuve ahí y las ganas de esfumarme no se habían ido, pero al menos no estaban taladrándome la tranquilidad, así que decidí jugar videojuegos.

Llegó mi padre y fingí que nada pasaba, pero eso no duró mucho: mi madre marcó a los 20 minutos y le contó todo lo sucedido.
Mi padre se sentó y charló conmigo y me desahogué. Hablamos de todo... Le dije que las historias de mi tío más grande y como era un fracasado problemático, me hicieron pensar que yo terminaría igual.
Y pues sí, dijo lo que un padre haría. También dijo que al ver la situación, era necesario que me atendiera de inmediato con un psiquiatra y que también fuera a recibir terapias en donde mi psicóloga me había recomendado asistir para complementar la terapia.

Nos fuimos a dormir. Era Viernes por la mañana e inicié mi día con toda la actitud, como renovado.
Puse a lavar ropa y llegó el momento de retirarme a trabajar.

Llegué allá y un día estresante me esperaba, así que comencé con llamadas de atención, mucho trabajo y mi ánimo se fue cayendo. Para la noche, un amigo me mandó un mensaje para buscarme. Al salir de trabajar y llegar a mi domicilio, él ya me esperaba. Me cambié y nos fuimos a un bar. Charlamos de lo sucedido, me contó que se enteró por un amigo que vio mi blog y que corroboró la historia con mi hermana menor, precisamente, por ver las entradas que enlacé arriba. No sabía de tales entradas. Seguimos charlando en la noche y una vieja compañera de carrera (que por cierto, me odia irracionalmente) estaba en el bar y fingió no verme. Charlamos sobre motivos de "porqué" vivir, aunque no me dio ninguno de peso. Cuando iban a cerrar el bar, nos fuimos a otro que siempre tiene música y gente. Pero entramos y no me sentí cómodo. Bebimos un par de cervezas y al cruzarse con el whiskey que bebimos durante toda la noche me sentí ebrio.
Nos retiramos y me llevó a mi casa. Le di las gracias y me dijo que buscara a Jesús (en tono de broma). Me retiré a dormir. Eran las 4 am (o más) y sólo llegué y me acosté.
Me desperté temprano, aunque mi padre ya se había retirado.
Sentía jaqueca por la desvelada y crudo por la bebida. Me volví a deprimir y las ganas de arrebatarme la vida ahí estaban otra vez, ¿qué demonios me sucedía?. Esta vez me dio miedo. Encendí la computadora y busqué en el Tumblr de mi hermana la historia de lo sucedido. La encontré y comencé a llorar, me sentí mal: yo, su principal soporte, se quería autodestruir. Ella, que tenía 15 años y la había tenido mucho más difícil que yo en la adolescencia, había encontrado razones para vivir... Fue entonces que decidí escribir este post, para desahogarme antes de cometer otra estupidez. La hora de irme a trabajar había llegado y no alcancé a terminarlo. Ese sábado me volvió a ir mal en el trabajo (tuve que pagar una cuenta que se retrasó por mi culpa).
Llegué a casa de la novia de un amigo en la que yo puse la comida y todo estaban platicando. Fue una buena noche y entonces le tomé un poco de sabor a la vida. El día siguiente era domingo. Charlé con mi papá mientras desayunábamos de que tal vez pronto perdería el empleo. Me dijo que no me desanimara, que ya saldríamos adelante.
Me alisté y me fui a trabajar. También fue un mal día, pero al regresar al menos estaba mi padre para charlar.
Hoy es Lunes, no quiero ir a trabajar... no, al menos, para cagarla nuevamente y sentirme más inútil de lo que ya me siento. 


¿Quiero vivir? No lo sé... Los únicos motivos que tengo para vivir es comprarme un par de videojuegos, asistir a un concierto y comprar un nuevo Smartphone.

¿Volveré a Facebook o Twitter? Tampoco lo sé... no quiero estar en un sitio donde dar lástima puede ser el papel a desempeñar cada día. Donde tengo que pretender estar bien para que la gente me acepte y donde sólo hay cariño público e indiferencia íntima.

Y aquí es la convergencia de mi caos: la incertidumbre de mis acciones me hace vivir y querer morir todo el tiempo.
Yo no era impulsivo... pero poco importa lo que se era cuando es diferente a lo que se es.

miércoles, 17 de octubre de 2012

¿Será mañana?

Mañana es Jueves, ese día que tanto temo. Estoy pensando en matarme mañana... Sería bastante irónico morir el mismo día que siempre me trajo desventuras. Sería como un decirles: "¿Ven? los jueves son del diablo".

Tal vez mi historia debería terminar mañana... abrupta y sin explicación otra, como una mala serie de televisión que no fue capaz de atrapar a su público.
Mi vida es así: un protagonismo mediocre para vouyeristas poco críticos.

Ya que mas da la vida o la muerte... si se vive para pagar la segunda. Pues bien, yo no estoy dispuesto a entrar en ese juego.

Mi vida está sobrevalorada, como la de todos ustedes. Tal vez, es buen momento para darles a ustedes (y sobre todo, a mí) una lección de cómo actuar con congruencia.

Descansen...

viernes, 14 de septiembre de 2012

Soy un producto de Apple.

El Martes quemé la única fotografía que tenía de mi ex. La situación fue de lo más espontánea: revisaba mi cartera y encontré esa fotografía, la vi un par de segundos para saber si despertaba un poco de tristeza, escarbé en mis adentros para ver si tenía aún amor por ella... pero no, sólo sentí lástima por la desilusión que me hizo pasar y entonces, recordé que tenía un encendedor en mi otra mano y le prendí fuego.

Aún después de quemarla, la sensación de desilusión me acompañó por un rato. ¿Cómo es posible que alguien que una vez fue tan devoto a mi persona, tan entregado en su fe hacia mí, pudo retractarse por un error? Concluí que el error no era mío.

Ayer, una crítica constructiva a una amiga sobre como llamar la atención por Facebook publicando emoticones de estar triste, frustrado, alegre o etcétera (lo cuál es nefasto, si quieres publicar que estás feliz o triste, puedes hacerlo), inició una discusión y como siempre, logré detectar ciertos aires de superioridad en la persona. 
Cuando yo la conocí a ella, me pareció una persona muy especial (a la fecha lo es, aunque ya no como yo pensaba antes) y de igual manera, ella veía en mí alguien muy muy singular. Me lo repetía constantemente al platicarle situaciones en las que me sentía mal. Sabía que sus halagos no eran una invitación emocional a una relación amorosa, más bien en su opuesto, eran la reiterada manera de confirmarme que era mi amiga y le interesaba alguien tan "especial" como yo.
Pero esa emoción terminó pronto. Hace como 3 meses que no charlamos ella y yo tranquilamente, por ningún medio. He intentado que quedemos de vernos y no cede. Antes solía compartirme cosas en mi Facebook, hoy contra penas me da un Like. Antes me saludaba cada vez que me veía conectado, hoy apenas me contesta cuando yo la saludo a ella. La paranoia es sencilla, pueden pensar ustedes al leer esto, y que el drama lo estoy extendiendo a niveles personales. Bueno, yo también desconfío mucho de mí y es por eso que prefiero no hacerme ideas hasta no confirmarlas. Pero en un universo virtual como Facebook, donde puedes visualizar las mínimas interacciones de alguien con alguien más, he visto como frecuenta mucho a otras personas, mas no así conmigo... Entendí el mensaje.

Lo mismo me sucedió con un amigo. La situación que vivimos es muy personal así que me limitaré a decir que él estaba fascinado con mi personalidad. Curiosamente, me conoció primero por Twitter, luego por Facebook y al final en persona. Le parecía alguien muy simpático, muy particular, chistoso e inteligente. La amistad se fue dando y él también me pareció un buen colega. Una situación en la que no estuvimos de acuerdo me alejó de él un tiempo (más por su decisión que por la mía). Intenté contactarlo varias veces pero sólo recibí indiferencia. Ayer precisamente, por fin me contestó y me dijo lo que ya no era raro para mí: "No estoy disgustado, sólo que simplemente ya me das igual. Creí que tendríamos muchas cosas en común y ya me di cuenta que no es así".
No hizo falta más explicaciones.

A lo largo de mi vida me he topado con situaciones de este tipo tan repetidas. Precisamente, aquella chica que me rechazó recientemente (ahora, pese a estar soltera y poniendo de excusa que ahora se concentraría en una pareja mujer), forma parte de ese patrón. Inclusive en Twitter lo he visto: followers que llegan, te Favean y Retuitean de forma endemoniada por un par de semanas y a los dos meses te dan Unfollow.
He vivido este patrón de conocerme, admirarme, frecuentarme, no entenderme, alejarse y simplemente dejar de lado las promesas huecas de una amistad verdadera en el aire por simples niñerías. Lo he vivido a lo largo de la secundaria, la preparatoria y en la universidad. La gente me conoce y mi primera impresión es impactante, luego dejo de ser maravilloso y al poco tiempo me vuelvo soporífero y predecible, desventajas de ser un libro abierto ¿saben?.
Incluso, en relaciones pasadas sucedió lo mismo: las mujeres creían que por mi aspecto y mi forma de hablar directa y vulgar, que era alguien de carácter fuerte, alguien dominante. Cuando comenzaban a andar conmigo y veían que en el fondo era alguien cariñoso, flexible y hasta cursi, desistían porque no era lo que buscaban.

Aprendí, con el tiempo, a no tomar en serio a la gente que me viste de halagos, porque las personas que verdaderamente valen la pena se quedan a demostrarte lo valioso que eres con acciones y se aseguran de que los demás vean lo fantástico que eres como para ellos es tan evidente. Eso lo aprendí gracias a un muy buen amigo, alguien que seguro se quedará en mi vida por un lapso enorme.

Al final, veo como la mercadotecnia domina también en las micro-interacciones sociales. Bajo ese modelo social, yo soy lo más parecido a Apple: Sencillo, atractivo, dócil  cerrado y costoso. Genero un gran Hype cuando la gente me conoce. Se emocionan tanto porque creen que están frente a algo innovador y revolucionario y luego con el tiempo descubren que sólo soy lo que ven, se aburren de que los misterios que me engloban no van tan lejos como ellos pensaban y terminan por desilusionarse y desecharme.

Sólo soy eso: un producto de fachada impresionante, pero predecible y limitado por dentro, hasta el punto en que me vuelvo irritante.

Soy un buen truco de Marketing de mí mismo... y no lo sabía.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Soy libre

Es Domingo. Nada raro... Excepto por esa sensación de tranquilidad, de paz, de aceptación. Hoy mi padre no trabaja y siempre prepara un desayuno abundante para remunerar las austeridades del resto de la semana. Me vi al espejo y me sentí... bien, relajado, sin deudas (aunque las tenga y estén en rojos), sin dependencia. Me vino un flashback bastante fugaz de Lorena, uno que me picoteó el corazón.

Me distraje recordando y cuando cobre el sentido, me volví a ver al espejo... Me sentí guapo, independiente, libre.

Aunque ya es momento de que encuentre un trabajo (aceptaría cualquiera con tal de tener ingresos) estoy tranquilo así: escribiendo cuando quiero, leyendo cuando quiero, jugando cuando quiero y comiendo cuando lo recuerdo. Por lo menos este día, me siento bien con este pequeño lapso entre mi desmadre: con un padre sonriente que me regala una cerveza como modo de agradecimiento por arreglar nuestro cuarto de punta a punta y con la esperanza de que mañana pueden hablarme de un buen trabajo.
Estoy feliz con esta certidumbre de que sólo hay incertidumbre, de que sólo tengo el ahora, de que no le rindo cuentas a nadie porque si mi vida se va al demonio, es mi culpa nada más... ME SIENTO LIBRE.

Tal vez mi visión de libertad es bastante torcida, tal vez el hábito de no comprometerme en una relación o un trabajo termine por impedirme ser disciplinado de nuevo, tal vez estar encerrado no es la mejor manera de luchar contra la depresión (todos los días, espero inconscientemente que alguien marque a mi celular y me diga que tiene ganas de verme para tener un pretexto para salir), tal vez sólo estoy acumulando grasas y haciéndome güey con la educación (aunque lo cierto es que dejé de creer en ella) y tal vez hay mejores maneras de ser feliz... Pero por hoy lo soy.

Veré una película con mi padre, como los viejos tiempos, ambos riendo sin parar... Si no tener a Lorena es la causa de todo esto, estoy muy agradecido de que se largara.

Me queda mucho por escribir, mucho trabajo por hacer. Sigo naufragando... pero al menos encontré mi estrella polar.

"Y le conté que mi vida es ser fiel, y que tengo muchas cicatrices bajo la piel. Ella me dijo que debe ser cruel, navegar mares de tinta en barcos de papel; pero le dije que sé naufragar, que me llevo el sol, la luna y la estrella polar en cada viaje, que no tengo más equipaje que una botella y este mensaje..."

viernes, 24 de agosto de 2012

Cigarrillos... que me fuman.


Salí de mi habitación a fumarme, en el más incongruente de los placeres, un cigarrillo de una marca que terminé aborreciendo, pero al haber comprado la cajetilla (más barata) y al probar el primero de ellos me dije con tono de resignación: "Ni modo, ya te chingaste, ya los pagaste con lo poco que tienes y ahora te los terminas".

Comencé a fumar formalmente a los 19, cuando el estrés de aquella oscura adolescencia se me lanzó encima como un gorila furioso intentando destrozarme la cara a puñetazos. Recuerdo que cada cigarro que me terminaba en las paradas de camión, en espera de una ruta difícil de capturar con una mano alzándose sobre la calle, me sabía al más puro de los fracasos... Pasaba de tener sólo 19 años a tener 34 y sentir que ya estaba tirando mis horas en una vida que no tenía vuelta atrás.


Hoy tengo 22 años y el mismo sentimiento me acompaña. Lo fumo y pienso en las malas decisiones que tomé, en lo mucho que disfruto el tiempo libre tirándolo mientras juego videojuegos o aprendo cosas en internet además de hacerme de un itinerario de que leeré y no leeré, de los documentales que veré y los que postergaré, de los contenidos multimedia de entretenimiento que sé que sólo me robaran tiempo útil pero que disfrutaré a cada minuto... si es que la conciencia no toca furiosa la puerta de mi razón apelando a que le pague la renta de lo moral que con tantos intereses acepté adquirir.

Me lo fumo y pienso en mis deudas, en qué otro sitio podría ser mi hogar, en cual podría ser mi trabajo ideal, en mi reciente plan para conseguir un empleo decente y en  cómo he de administrar éste para que no me acorrale en un callejón sin salida de los que tanto disfruto meterme al más puro estilo masoquista.

Ayer me fumé tres cigarrillos mientras llovía, después de que aquella chica a la que le tomé un absurdo cariño me dijera que no siente más por mí de lo que sentiría por cualquier otra persona. Pensaba en que mis sueños de ser escritor también están muy lejanos de mi realidad cercana, que mis letras no dicen nada, que sólo regurgitan desesperación y que yo sólo sé expresar lo que siento y punto... que no sé contar historias mas que la mía y describir la fatalidad con la que ya me siento atado por el registro civil local. Me fumé esos tres cigarrillos mientras el frío me enchinaba la piel por mi ingenua percepción de que seguramente no llovería aquella tarde, abofeteando a mi menos que inmadura esperanza de que todo saliera perfecto cuando sé que la entropía es mi única y verdadera naturaleza. Ella me rechazó, yo me sentí basura reciclable y así de sencillas fueran las cosas.
Este cigarro me lo fumé pensando en que un día tal vez muera de cáncer y me sentiría, entonces, un verdadero estúpido, porque de las formas en las que me he imaginado muerto, una de esas nunca ha sido morir en un hospital de una enfermedad irreversible provocada por mis arañazos de ansiedad y las ganas de controlarla.


Me lo fumé a sabiendas de que el sabor no me gusta, de que no quiero morir estúpidamente, de que debo ACTUAR ¡YA! si quiero obtener lo que quiero y de que de todas las cosas que sé, ésa es de las pocas que ignoro tanto en el aspecto técnico como en teoría.

Me lo fumé sintiendo que en cada bocanada de humo ahí iba una parte de mi alma esparciéndose por el exterior de mi cuarto y volteando a un cielo poco menos que nublado... Me lo fumé porque quería hacerme a la ilusión de que los problemas huían de mí, o que yo huía de ellos en forma de nebulosa.

Todos esos cigarrillos que me he fumado a solas me saben a algo más que soledad: me saben a abandono irremediable. Y éste no fue la excepción, pero sí fue el primero que me recordó que debo dejar de fumar porque como muy poco, porque no duermo bien, porque no me ejercito en lo más mínimo y porque morir por un vicio que nació de un pasado tan obscuro merece ser ofuscado por un inclemente cambio en mi actitud... Empezando por no comprar cosas cuando estoy desesperado por consumir, por ejemplo, una cajetilla de cigarros de marca desconocida.

jueves, 23 de agosto de 2012

Me retracto

Olvídenlo, hoy mismo la escritora me rechazó. Al parecer, pese a que su relación tibia no la tiene conforme, siente más en ella que algo por mí... y eso suena bastante congruente.
Por otro lado, alguien que no me aprecia, que no siente una fuerte atracción hacia mí, no vale la pena.
Algún día me toparé con una mujer de mi calibre, que cuando se trata de amor simplemente lo viva y no se mesure, que lo haga con vida. Tal vez, en ese caso, experimente una entrega similar como hace tiempo lo hice con mi ex.

Hoy por hoy, estoy decepcionado de todo. Recibir de regalo 43 libros por parte de mi departamento de estudio en la universidad fue una bofetada de guante blanco sobre la carrera que tengo y lo mucho que debería aprovecharla. Pero los términos están claros: No tengo futuro (no uno inmediato y por supuesto menos en el ámbito económico).

Sólo queda esperar a qué sucede, seguir buscando un trabajo solvente y que el tiempo otra vez decida hacia donde piraré nuevamente: si hacia mi felicidad o hacia la búsqueda de mi trascendencia.

Detesto escribir únicamente estupideces.

Encrucijada

Siempre fui una persona de "gran iniciativa", no así de gran constancia y disciplina.
Es por eso que no me extraña que actualmente me esté dando el lujo de vivir la vida de un verdadero fracasado, un nini en todo su esplendor.
No duermo bien porque no quiero y siempre me termino arrepintiendo cuando por las mañanas en el espejo veo mis ojeras acrecentarse y hacerme lucir como un vago en toda la extensión de la palabra, sólo que a diferencia de un vago común, yo sólo vivo encerrado en un pequeño cuarto de 3X5 para evitar así cualquier situación inesperada en la que pueda meterme... Temo salir a la calle.

Me integré a un Club de Escritura, creyendo que de una forma mágica solucionarían mi problema de iniciativa para escribir; obviamente me equivoqué. Llevo dos semanas y no he escrito un carajo. ¿Por qué? Por lo mismo de siempre: me cuesta trabajo sentarme y hacer lo propio, sólo eso.

"El problema soy yo", me lo repito constantemente para ver si es resulta en un estallido de furia y coraje que dé como resultado que me saque de este hoyo en el que me considero muy familiarizado, a nivel de creer que ya hasta me hice una camita y puse recuadros en las paredes oscuras para tomarlo como mi hogar.

Me gustan dos chicas, mucho. Una de ellas quiere ser escritora y es una persona muy muy peculiar, aunque está bastante acomplejada, más que yo tal vez. Pero es una mujer indecisa, tan así que tiene novio, no le gusta su relación por ser "tibia" pero no tiene la capacidad de decisión para tirarla y optar por mí. No me extraña y tampoco me culpo por ello. De lo único que me culpo es de no pisotear mi esperanza como un cigarrillo que tarde o temprano está por terminarse y aún así espero hasta que el sabor amargo de la colilla delate que, en efecto, ya terminó y debí apagarlo antes. Así soy de obstinado.

La otra chica es un amor un poco extraño. No tenemos mucho en común, pero es también muy inteligente, aunque a diferencia de la primera no pertenece a una área cultural. Vive en otro estado y es como una pequeña fantasía. Ella no pasa las precariedades que yo paso, vive en un sitio maravilloso (una playa, ¡con un carajo!) y parece dispuesta a todo. Me pregunto por qué yo, por qué un "perdedor" como yo.
Da igual, como mi ciudad también fracasa enormemente en proporcionarme un sitio seguro, un trabajo estable y una educación flexible, cambiarme de aires y mudarme con ella no suena tan loco después de todo; no a pesar de que sé que ella puede meterme en el triple de problemas en los que estoy ahora (oscuro pasado, oscuro futuro) , no a pesar de que es otro estado y tendría que restablecerme, no a pesar de que no la conozco en persona. Mi naturaleza es la entropía.

Y aquí mi encrucijada: quedarme a luchar por una trascendencia que tal vez no logre y a establecerme con una chica que posiblemente jamás esté lista para mí o salir a buscar a una chica que posiblemente se decepcione de mí o, en el mejor de los casos, a vivir la más común y excitante de las aventuras: una aventura hedonista que se pinta por sí sola. Meterme en problemas a veces es apostarle a la segura... Tal vez es por eso que me fascina dibujarme en el centro de estas encrucijadas...


NOTA: De ahora en adelante mi blog será eso, un tonto sitio de desahogo así que no espere gran cosa de mí.

sábado, 7 de abril de 2012

Procrasti... ¿Qué?

Llevo más de 3 semanas durmiendo mal. Tengo múltiples causas que lo explican pero ninguna que de peso lo justifique. En primera, desde que uno de mis mejores amigos me presentó a su cuñada para que ella y yo andemos, me centro demasiado en las pláticas y eso termina por invadir mis horas de sueño. Aunque ella es atractiva hasta cierto punto y si no es muy culta, por lo menos es lo suficientemente elocuente para mantener una conversación conmigo (¡¿Dos horas y media por celular?! WTF?), no me termino de convencer de que podamos llegar lejos; espero ella sea la que me convenza a mí.

Otra de las causas ha sido que de forma recurrente pienso en Lorena (mi ex maldita) antes de dormir. La extraño y cada intento amoroso que tengo me recuerda mucho lo que vivimos. Quizá idealizo todo lo que pasó con nosotros... quizá mi cerebro obsesionado por otra dulce cantidad de endorfinas provocada por ella clame su dosis; no estoy seguro de qué exactamente me hace extrañarla pero algo es seguro: Esa mujer de la que me enamoré murió, ahora es otra y jamás las cosas serán lo que fueron. A decir verdad, extraño más la relación que a ella misma (que espero suponer correctamente que es un paso hacia adelante en mi duelo amoroso, desplazando el objeto de amor de la persona hacia la pareja). Tengo que admitirlo: todo lo que rodeó nuestra relación en su momento fue ideal para que ésta llegase tan lejos, aunque, por desgracia, fueron más sacrificios de mi parte que la mantuvieron viva que por parte de ella. Éste tipo de reflexiones llegan a invadirme en continuas noches esperando ser resueltas y me impiden concretar el sueño.

Otro motivo que impide que mi sueño sea resuelto es una muy extraña: No puedo dormir más allá de las 9 am. Es molesto e irritante. Por lo general, dan las 8 am y ya estoy despertando. Si intento dormir de nuevo, con suerte, sólo consigo una hora más de reposo... Y no entiendo porqué. He llegado a creer que mi subconsciente me está atormentando así para recordarme que todas las mañanas tengo que encargarme de mi escuela (ésa a la que llevo un mes sin asistir y de la que seguramente ya me la pelé con derechos a examen). Y no me extrañaría ni siquiera un poco; me gusta tanto la carrera que en parte, mi perfeccionismo me impulsa a, si no voy a destacar en ella, mejor que ni la saque. Por desgracia, no puedo darme el lujo de andar por ahí iletrado y menos, con las oportunidades de empleo tan miseras y carroñeras que hay en mi ciudad.

Pero, pese a que éstos y otros factores influyen a que duerma tarde, tengo que arrodillarme ante la resignación y el autoconocimiento que señalan que la principal razón y causa de mis males es y será: la procrastinación.
Muchos de ustedes podrán decir que estoy exagerando, que sólo es hueva, falta de voluntad o que estoy evadiendo la responsabilidad de mis actos. Bien, en parte es cierto, pero agréguenle ustedes a eso una depresión profunda (digo profunda porque por lo general, ni yo la noto), una apatía hacia el compromiso, una crisis en la definición personal de prioridades y una falta de concentración que me aqueja desde niño y ¡VOILÁ! Tiene usted un claro ejemplo de una procrastinación crónica que destruye vidas ordinarias.
La semana pasada, hablando con mi padre de lo grave que es mi caso, insistió en que era momento de pedir ayuda profesional. Siempre he sabido que necesito ayuda, pero jamás creí verme orillado en la situación de que, si no obtengo ayuda, no puedo llevar una vida ordinaria. Por desgracia ése es mi caso.
Y precisamente por eso tampoco duermo: Quiero dormir pero lo postergo por distraerme en nimiedades. Y lo que sea que tenga que hacer en primer término para mí nunca lo es así y siempre lo desplazo hasta que... Bueno, así es la historia de la procrastinación.

Cualquiera que pudiese ser la causa de mi mal que ya me impide tener una vida común y ordenada y que poco a poco carcome mis planes de vida, lo cierto es que necesito ponerle un alto (y de preferencia, definitivo). Pero ¿Saben en qué raya mi problema? Que ahora que atenderme es urgente, no lo haré, si no que me ocuparé de lo más estúpido y poco productivo posible hasta que sea orillado a hacerlo.
Pero no me siento tan esclavo de mi propia situación; aún confío en que puedo lograr llegar más allá.... aún tengo fe en recuperar mi concentración y con ella, todas las virtudes que de momento se ven opacas por mi falta de atención al desarrollo de ellas. Algo ha de pasar...

Seguidores