Tengo novia. La semana pasada,
una cita por la noche caminando en el centro de la ciudad concluyó en una
relación de "chicle y pega". Ambos acordamos ver qué sucedía con
nosotros, no tomarlo muy en serio y dejar que avanzara a su propio ritmo.
Yo, desde el principio me rehusé a la idea; no porque le tema a las relaciones, si no porque ella no sería por el tipo de mujer por la que me arriesgaría. El martes tuvimos una pequeña cita en mi casa. La invité a ver la película de "Sin City". Se comportó muy cariñosa y puso toda la iniciativa… Eso me agradó bastante.
De alguna forma no puedo quejarme, durante esta escasa semana ha asumido bien su rol de novia; pero también de ahí deriva mi insatisfacción: se va a volver predecible.
Todo el fin de semana no supe de ella. Caso contrario, conviví gran parte del tiempo con una amiga que venía de visita.
El Sábado un error que cometí en el trabajo me costó mi estancia
en la sucursal. El supervisor de gerentes decidió que ése no era mi sitio y sin
consultarme arregló todo para cambiarme de sucursal.
Ahora atiendo a la gente directamente, estoy más relajado, un poco más cerca de mi casa y veo personas todo el día, por lo que el tiempo transcurre más rápido.
Pero mis primeros tres días fueron desastrosos, con errores y nuevamente fui objeto de observación por parte del supervisor de gerentes.
Me hicieron sentir como el peor de los inútiles, cómo en la otra sucursal. Francamente a veces no dudo que quisieran simplemente despedirme.
Ahora tuve cita con la psicóloga y tras charlar un gran rato sobre mi trabajo, comenzaron a generarse ideas erróneas sobre mí, por ejemplo, que estaba muy infeliz, cuando, desde “El buen fin” mi padre no ha parado de complacerme con “regalos”. Lo sé, son trivialidades, pero habemos quiénes necesitan ciertos detalles para vivir.
Chistoso: criticaban mi frialdad al charlar y que nunca cuento cosas buenas. Me pregunto: ¿Quién va con el psicólogo a platicar alegrías? Creo que para eso tengo amigos, ¿no?
Ahora atiendo a la gente directamente, estoy más relajado, un poco más cerca de mi casa y veo personas todo el día, por lo que el tiempo transcurre más rápido.
Pero mis primeros tres días fueron desastrosos, con errores y nuevamente fui objeto de observación por parte del supervisor de gerentes.
Me hicieron sentir como el peor de los inútiles, cómo en la otra sucursal. Francamente a veces no dudo que quisieran simplemente despedirme.
Ahora tuve cita con la psicóloga y tras charlar un gran rato sobre mi trabajo, comenzaron a generarse ideas erróneas sobre mí, por ejemplo, que estaba muy infeliz, cuando, desde “El buen fin” mi padre no ha parado de complacerme con “regalos”. Lo sé, son trivialidades, pero habemos quiénes necesitan ciertos detalles para vivir.
Chistoso: criticaban mi frialdad al charlar y que nunca cuento cosas buenas. Me pregunto: ¿Quién va con el psicólogo a platicar alegrías? Creo que para eso tengo amigos, ¿no?
Hablamos sobre mi nueva
relación. Parece que sólo entiendieron lo superficial del asunto pues no sólo
no siento una atracción física por ella, si no que simplemente no cumple mis
altas expectativas, esas que decidí colocar muy alto para estar seguro de
toparme con alguien que valiera la pena y no simplemente de conformarme. Siendo
sincero, mi novia no puede con ellas... porque es demasiado normal, nada
extraordinaria ni de físico ni de intelecto.
Charlaba con una amiga sobre su nueva relación. Me decía ella que era especial (la relación, él y ella, él, TODO [con esas palabras exactas lo describió]) y entonces llegó hacia mí la epifanía de porqué mis altas expectativas: Porque quiero merecer algo especial para sentirme especial. Quiero sentirme afortunado de tener a una bella e inteligente chica a mi lado y no alguien que simplemente tomó mucho afecto a alguien, quiero estar con alguien dónde cada momento sea algo para atesorar y no un simple hecho qué recordar para ser detallista en un futuro. No, no quiero cometer el error de desperdiciar 5 o 10 años con alguien y casarme sólo porque es el siguiente paso, para 20 años después darme cuenta que no encontré lo que buscaba porque me cansé de buscar y agarré el primer sustituto que vi.
No, no estoy enamorado de mi novia aún después de imaginar que hoy, siendo mi día de descanso y al no visitarme, estaría ocultándose de mí o que simplemente le dio pereza; eso me provocó celos y, lo poco que habíamos logrado se me cayó en ese momento...
Mi vida va gris (como quisieron darme a entender mi psicóloga y su practicante). Y aunque estos últimos días he estado contento, esa insatisfacción está ahí, recordándome que hay algo que se me escapa.
Fallando en el trabajo, fallando conmigo mismo, mis hobbies y aficiones, fallando a una relación, no puedo más que sentirme alguien mediocre, alguien poco especial que anda con alguien poco especial y sin sentir algo verdaderamente especial por ella.
De niño siempre fui muy bueno en matemáticas. Hasta el álgebra era muy natural. Ahora, pese a esa costumbre que tengo de sumar números, como todos los dígitos de un boleto de camión o hacer cuentas mientras camino, he perdido mi don matemático.
Los números ya no son mi fuerte ahora que soy adulto... de la misma forma, supongo, ya no lo es eso de enamorarme como adolescente.
No sólo me alienaron, me hicieron bajar de escalón.
Charlaba con una amiga sobre su nueva relación. Me decía ella que era especial (la relación, él y ella, él, TODO [con esas palabras exactas lo describió]) y entonces llegó hacia mí la epifanía de porqué mis altas expectativas: Porque quiero merecer algo especial para sentirme especial. Quiero sentirme afortunado de tener a una bella e inteligente chica a mi lado y no alguien que simplemente tomó mucho afecto a alguien, quiero estar con alguien dónde cada momento sea algo para atesorar y no un simple hecho qué recordar para ser detallista en un futuro. No, no quiero cometer el error de desperdiciar 5 o 10 años con alguien y casarme sólo porque es el siguiente paso, para 20 años después darme cuenta que no encontré lo que buscaba porque me cansé de buscar y agarré el primer sustituto que vi.
No, no estoy enamorado de mi novia aún después de imaginar que hoy, siendo mi día de descanso y al no visitarme, estaría ocultándose de mí o que simplemente le dio pereza; eso me provocó celos y, lo poco que habíamos logrado se me cayó en ese momento...
Mi vida va gris (como quisieron darme a entender mi psicóloga y su practicante). Y aunque estos últimos días he estado contento, esa insatisfacción está ahí, recordándome que hay algo que se me escapa.
Fallando en el trabajo, fallando conmigo mismo, mis hobbies y aficiones, fallando a una relación, no puedo más que sentirme alguien mediocre, alguien poco especial que anda con alguien poco especial y sin sentir algo verdaderamente especial por ella.
De niño siempre fui muy bueno en matemáticas. Hasta el álgebra era muy natural. Ahora, pese a esa costumbre que tengo de sumar números, como todos los dígitos de un boleto de camión o hacer cuentas mientras camino, he perdido mi don matemático.
Los números ya no son mi fuerte ahora que soy adulto... de la misma forma, supongo, ya no lo es eso de enamorarme como adolescente.
No sólo me alienaron, me hicieron bajar de escalón.
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