jueves, 3 de enero de 2013

Nuevos y viejos ciclos.

El Lunes pasado, 31 de diciembre, tuve junta en el trabajo. Estaban todos mis compañeros y, para mi desgracia al llegar 9 minutos tarde (ingenuos quiénes creen que los Lunes son para llegar temprano), el supervisor de gerentes. 

Platicaban acerca de los problemas y puntos a tratar sobre el servicio al cliente y tonterías. Así es, para mí eran tonterías porque no era nada nuevo, por el contrario, era algo que dominaba, pero había puntos bastante ridículos que ni siquiera pienso citar.

Al terminar de exponer los puntos, preguntaron comentarios y sin titubear, expuse la mayoría. Al parecer, mi gerente y su supervisor quedaron contentos de lo expuesto. Finalizando, ya habíamos perdido una hora de apertura, por lo cual tuvimos que acelerar la limpieza. Durante ese lapso, el gerente me habló y me dijo que por un error cometido el sábado (error que no me consta haya cometido yo) estaba decidido a despedirme, pero que al ver que ya terminaba el año, me daría otra oportunidad y no comentaría nada al supervisor sobre reclutar gente nueva. Dijo que quería empezar el año sin rencores, con una vida nueva y que me daría otra oportunidad, que la cuidara porque está bien pagado mi empleo (y concuerdo, es precisamente la única razón por la que no he renunciado pese a lo muy irritante resulta todos los días).



¿Por qué todos se tomaron tan en serio el año nuevo? ¿De verdad la gente cree que los años nuevos traen cosas nuevas? ¿"Nuevas vidas"?

Todo el año anterior intenté hacerme una nueva vida, obsesionado un poco por llegar a un sueño al que aún no sé con exactitud cuál es y por lo cual estuve de aquí allá sin zambullirme mas que en mi propia apatía... Pero por suerte aprendí mucho del año anterior: estoy aprendiendo a vivir los días con días (esos mini-ciclos continuos).

La gente se toma demasiado en serio los calendarios porque en verdad no puede visualizar lo poco que tenemos de control sobre el tiempo, siendo éste, una invención nuestra y de percepción muy muy subjetiva. También, se los toma muy en serio como parte de una estructura cultural para segmentar y darle forma y magnitud a la vida, craso error: desgraciadamente, la forma en la que la memoria define los ciclos que nosotros mismos fijamos es respecto a eventos relevantes que pueden servirnos para la supervivencia en un futuro y perdemos entonces, la capacidad de contemplar los pequeños detalles, al mismo tiempo que le restamos valor a la inmensidad universal de lo que significa estar en el aquí y el ahora.



Para mí, no hubo mucha diferencia entre 31, 1° y 2°, respectivamente a números de fechas... fueron días laborados y/o no laborados. Pero tampoco niego que aunque bien pueda ser 23 de Mayo, ese día puedo definir el resto de mis planes del año (o de mi vida, dependiendo de mi suerte y audacia) o bien, tener el día más simplón e insignificante del mes; ninguna fecha me es impedimento (o motivación) para soñar con el mañana y con los "hubiera".

No tengo propósitos para este año, pero sí tengo un propósito para los siguientes ciclos en mi vida y es aprovechar la mayoría de oportunidades que se me presenten, de cualquier forma, tengo toda una vida por delante para reparar mis errores y, si muero antes de hacerlo, qué más dará, ya habré muerto como para lamentarme.


¿Por qué forzar la vida enfocándola a propósitos superficiales y de carácter "positivista"? Si tuviera un propósito único para este 2013 sería sobrevivirlo, porque al final, cada ciclo que se cierra, cada día, cada mes, cada año, es como el nivel de un videojuego superado: libraste con vida ese nivel.
Desde esa perspectiva, me resulta ridículo celebrar la incertidumbre de un nuevo ciclo. Muchos dirán: "es un nuevo tiempo de oportunidades, un tiempo de sorpresas, un muro en blanco". Bueno, no sé ustedes pero me sigue pareciendo ridículo: ¿Por qué celebrar un año nuevo? ¿No deberíamos celebrar el cierre de año, el hecho de un ciclo que hemos superado? Inclusive, veo una impresión capital-consumista en el hecho de darle más valor a lo nuevo que a lo viejo...

De cualquier manera, la apertura o clausura de ciclos no es un tema en el cuál tenga una opinión relevante: se los dice un hombre que cree que una noche de sueño profundo repara cualquier mal humor.

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