miércoles, 5 de junio de 2013

Mecanismos internos (Pasión, odio e inocencia).


"Mecanismos internos", es el eufemismo que utilizamos para describir todo lo que pasa en nuestros adentros, todo lo que nuestra mente procesa y de lo que no somos conscientes hasta que estos resultan en algo impulsivo, algo que no esperábamos. Incluso en nuestra misma persona buscamos el control absoluto pero no hay una edad específica, a diferencia de con la navidad, para decirnos que todo es un montaje, una ilusión, una dulce mentira para estar en paz un rato en lo que estamos listos (¿lo estamos?) para conocer la verdad: tales mecanismos no existen... o no al menos, para todos.

Desde hace un par de semanas tengo la inquietud de haber perdido un fuego dentro de mí. Me gustaría culpar, nuevamente, a Lorena por todo esto, pero lo cierto es que ese fuego ya estaba extinguiéndose antes de que ella llegara a mi vida. Por el contrario, ella fue un combustible artificial que hizo que todo ardiera salvajemente... y se consumiera pronto la leña en mi pecho. Ahora soy como el hombre hojalata, en busca de un corazón.

Pasé demasiado tiempo reflexionando sobre el comportamiento de las personas, analizando los roles de lo que me había sucedido (y sigue sucediendo), que tal vez no parezca pero logré controlarlos todos. Ahora, no soy un hombre, soy un cyborg. Todo lo que sucede dentro de mí está diseñado y totalmente calculado, me he regulado en mis interiores... He suprimido mi frenesí.

Es aquí cuando el término de mecanismos internos cobra su valor etimológico: Todo lo que sucede en mí es un mecanismo, ya no hay aleatoriedades en mi interior, todo sigue un estricto orden y control y ese, es mi principal desorden.

El único impulso del que soy acreedor es el de la inhibición. Pasé de ser el chico extrovertido y protagonista a otro simple mortal que quiere vivir inadvertido.
Es que la fama es un compromiso, como todo lo demás. No es verdad que creas fama y te echas a dormir; por el contrario, creas fama y tienes que estar constantemente peleando los focos de atención. El triunfo es un compromiso del mismo calibre, porque una vez que destacas, el mundo espera que sigas triunfando sobre ti mismo (¿de verdad somos tan desconsiderados?) y el amor no es la excepción: te exige entrega, compromiso, entusiasmo, te exige un harto de pasión.



Pero la pasión es para los corazones (y los estúpidos). Creo que por ahí quedó mi corazón atragantándose con su propia estupidez, pero no sé exactamente dónde lo tiré. He considerado varios puntos cruciales en mi vida como causa de este sumo apagón de vehemencia: El fracaso de mi carrera tecnológica, el fracaso amoroso de Lorena, el fracaso en la vida universitaria y los múltiples fracasos laborales donde no llegué a conseguir un ascenso.
¿Con qué cara le pedimos a otros que se comprometan a ciegas si nosotros no haríamos lo mismo? Ahí es donde radica el problema: el desengaño.

Ya no hay inocencia. No nos entregamos así porque sí porque también así porque sí nos hacen daño, nos embaucan, nos defraudan, nos hieren los sentimientos... "De ninguna manera caeremos de nuevo", nos repetimos aquella paráfrasis, porque ya no somos tontos, ya no somos niños que se engañan fácil, pero ¿de verdad queríamos dejar de ser niños? ¿Siempre deseamos ser adultos?

Les (nos) hemos vendido la idea de que ser adulto es lo máximo pero ya ni siquiera esa falacia está funcionando. De pequeños jugábamos a ser adultos pero de adultos ya no podemos jugar a ser niños porque no es propio (¿qué no lo propio es personal y no general?) de un adulto.
Los adultos somos androides. Somos carcasas y mecanismos bien aceitados. Somos todo lo que todos querían que fuéramos, y pocos tienen la suerte de ser lo que de niño querían ser: niños grandes con juguetes grandes. Cometemos el muy imbécil error de arrancarnos el corazón de adolescentes para ya no sufrir más y usar la razón, pero la misma razón, veinte años después, te dice que la única razón buena para quitarse el corazón es para suplirlo por uno nuevo. Entonces ahí vamos como los nuevos robots que la sociedad esperaba en sus filas.

Estoy apunto de cumplir 5 meses sin ir a terapia psicológica. Dejé de ir porque quien me atendía jamás supo desescombrar mis adentros, pero sí supo darme a entender que lo mejor para mí era dejar mis obsesiones (pueden llamarle pasiones, si gustan) y ser un poco más "normal".


MI niño interior se rehusó... aunque para el caso, él lleva desaparecido casi el mismo tiempo.

Desde (siempre) entonces me volví adicto a la ira. El odio me ha impulsado más que cualquier otro concepto noble que pudiera mencionar. Es el odio quien a conducido mis pasos en este adverso sendero.


El odio jamás fue malo, sólo estaba un poco incomprendido ¿saben? Es preferible moverse aunque sea por algo tan ruin que simplemente estar quieto, no hacer nada y ser otro espectador más del giro de 360 grados que da el mundo cada 24 horas. Ése es el único arrebato que de vez en cuando me queda: arranques de ira y odio desmesurado que me hacen sentir vivo, que me dan un color que no sea gris, que me da el calor del coraje para, al menos, no estar como mi amigo, siempre tibio
Ese amigo mismo incluso me confesó que todo su embrollo de haberse enredado con una prostituta no le hizo perder la cabeza, no como él esperaba que fuera, no lo suficiente para salir de su tibieza.

Otro amigo me confió lo mismo y es por eso que ha prosperado su Invierno.
¿Qué nos pasa hoy en día que encontramos en el nihilismo la única respuesta (insatisfactoria) a tantos cuestionamientos propios? Vamos buscando cometer estupideces día tras día tras día buscando sentirnos vivos porque ningún deseo ferviente nos mueve, ni siquiera la búsqueda desesperada de signos vitales en nuestras acciones se define como pasión: también es, casi, un proceso automático.

En cuanto a mí, bueno, es un fenómeno que tengo bien identificado: estoy en el eterno loop de no saber que hacer con mi vida, pues me encuentro en el punto exacto donde debería entregarme en cuerpo y alma a alguna de los cinco sueños que persigo, pero es tanta mi obstinación a quererlo todo, que no estoy dispuesto a sacrificar los otros 4 sólo para tener uno... Y aquí estoy, acampando en la bifurcación de mis caminos esperando a ver hacia donde correr (porque seguramente iré tarde) o a que alguien decida darme un aventón a cualquiera de los cinco sitios que pueda llegar. Por eso me mantengo tibio, quieto, inhibido: para no arriesgarme a entregarme a algo que no me va a dar frutos porque ya habría sacrificado otras cuatro posibles historias sobre mi vida.

Somos nosotros los drones los que tenemos mecanismos internos bien identificados, los que razonamos con nuestros propios flujos y los calculamos, los que convertimos el desarrollo humano en un proceso cuantitativo, los que jugamos con nuestras propias variables y anotamos los resultados, los que vemos nuestra personalidad funcionar como en una novela de Steampunk. Somos inteligencia artificial, preprogramada, porque no tenemos inteligencia real: la que proviene del descubrimiento, de la ingenuidad intrépida y divertida, la que proviene de la frágil y volátil inocencia.

"Ya las ganas de vivir sin ella las mismas no son, 
ya la mente piensa más y siente menos el corazón,
ya la vida, aquella apasionada, se enfrió sin dudas
y la emoción de una canción hoy es sólo un montón de arrugas". - Al2


2 comentarios:

  1. Dijiste que me la enviarías antes, por segunda ocasión no fue así.

    Comprendo tu situación, sé como estas, cada día de mi vida sé como estás. También sé que es estúpido hacer comparaciones, (aunque vos detestes la subjetividad de las opiniones y de los gustos)siendo tan diferentes, pero en verdad a veces me molesta que seas tan general.

    Obviamente lo estás centralizando en ti, eres tú quien está pasando esta encrucijada, eres tú el que tiene todas esas dudas, eres tú el que está tibio, eres tú el que sabe qué hacer pero no sabe cómo hacerlo, pero aún hay inocencia, aún hay personas que se entregan nada más porque sí a sabiendas de todo el daño que puedan recibir, aún hay personas que siendo adultas salen en un día lluvioso a jugar y a bailar, aún hay adultos que juegan a ser niños o niños más bien que tienen responsabilidades de adultos.

    Sí aún hay ese tipo de personas, tú también puedes encontrar esa pasión y esas emociones que te hacen tanta falta. Sí, se necesita compromiso, sí, batallas un poco para obtenerlo o para lograrlo, sí estás luchando contra una fuerza del sino que te hace sentir ira, enojo, frustración, odio, etc etc etc etc, pero yo sé, y lo sé muy bien, que no sólo hay eso, hay muchísimo más. Estás lastimado y no te dejas cicatrizar.

    Discúlpame pero no soy un androide, no soy una carcasa que funciona en automático; soy un corazón estúpido, creo en la inocencia, creo que todavía hay inocencia en ti, creo en ti, porque de no ser así simplemente no estaría escribiendo este comentario.

    ResponderEliminar
  2. He descubierto que estás reprimiendo tu curiosidad para que el mundo te sea indiferente y ya nada te pueda lastimar. Eso es muy triste por que es peor que perder las ganas de vivir cómo tú lo dices.

    Tienes miedo a batallar contigo mismo porque piensas que no vas a poder no es que seas un androide programado en todas sus funciones, tal vez vivas y has vivido en un lugar donde tus pasiones nunca fueron apoyadas más que por ti mismo y los demás se encargaron indirectamente de apagar tus pasiones a tal grado de hacerte pensar que ya no te queda ninguna.

    Sí, el mundo y la gente son un asco pero hay que darle esperanzas a los demás, no tan ciegamente pero sí a quienes son dignos de nuestra confianza.

    Sé que soy una persona súper inocente e ingenua y a pesar de todos los daños que he sufrido, quiero seguirlo siendo para disfrutar las minúsculas sorpresas y aprendizajes que pasan cuando uno está despierto.

    Sé que puedes recobrar lo que te han robado, lo que perdiste y lo que te reprimes pero no esperes resultados próximos, lo primero es que estés consciente de ello para que puedas avanzar y sobre todo te pueda "ayudar".

    ResponderEliminar

Seguidores