lunes, 28 de enero de 2013

Los cumpleaños.



Hoy YA no es mi cumpleaños.

Nunca entenderé mi obsesión por mi cumpleaños. Siempre lo he visto como mi "Navidad personal". Gente cercana tampoco entiende lo mucho que aprecio esta fecha... Y no los culpo, no tiene nada de festivo.
Todos tenemos un cumpleaños, una fecha para celebrarnos y "ser especiales", paradójicamente, es como si nadie la tuviera: nadie es especial porque todos son especiales en sus cumpleaños.

Yo siempre he visto la celebración del natalicio como una celebración personal: el día en que la gente te demuestra lo agradecida que está con el simple hecho de que existas. Sí, es cursi, pero no menos cierto. ¿Por qué otra razón celebraríamos los cumpleaños? Algunos lo ven como una forma de festejar un año más de vida. Bueno sí, se cierra un ciclo y se abre otro pero no dejan de ser números, números que por cierto, nos recuerdan que el tiempo se agota. De todas formas lo festejan... el cumpleañero decide organizar una fiesta para celebrarse, fiesta a la que acudirán gorrones y gente indeseable y el "celebrado" terminará pagando todo. ¿Para que haría yo una fiesta en la que sólo tendré a interesados?Celebrarse a uno mismo en su cumpleaños es vanagloriarse con su existencia, en cambio, ser celebrado por sus seres queridos es probar que se ha dejado huella al menos en las personas más cercanas... No así es mi caso, para alguien a quien nunca le han organizado una fiesta sorpresa.
Es por eso que nunca monto una fiesta de cumpleaños, siempre espero que quiénes quieran demostrarme que soy alguien "festivo" decidan hacerlo con toda su voluntad... por lo cuál siempre termino encerrado.

Desde que tengo memoria, he sido un sensible con esta fecha específica. Mi problema radica en que espero demasiado de la gente, DEMASIADO, por lo que termino desilusionado. Año con año, intento no tener expectativa alguna sobre mi cumpleaños, pero siempre me falla la infantilidad y la esperanza está ahí, recordándome tonterías fantasiosas de llegar y recibir la sorpresa de que todos mis conocidos se han puesto de acuerdo para demostrar "algo", pero eso nunca sucede.

Yo odio, amo y me dan igual mis cumpleaños.

Hoy tuve junta laboral así que tuve que ir temprano al trabajo. Nadie recordó la fecha, excepto el subgerente y el gerente un par de horas después, y aún así, después de hacerlo público, sólo hubo un par de felicitaciones. Mi hermana pasó a felicitarme y me dio unas playeras de regalo, pero se fue. Llegué a mi casa después de un camino largo por el tráfico del centro de la ciudad sólo para descubrir que mi padre no había llegado temprano como lo imaginé. Ni siquiera encendí la computadora. Puse algo de música y me relajé y cuando menos lo esperaba... Lloré.

Me conecté sólo para ver felicitaciones en Facebook que te dicen más lo conforme que está la gente con tenerte lejos en lugar de hacer un esfuerzo para visitarte, de cualquier forma tenía las de perder: el celular que me robaron hace una semana me imposibilitó una comunicación más directa.


Todos los cumpleaños me recuerdan lo despechado que estoy con la vida. Cuando era niño, mis padres organizaban fiestas y siempre llovía en ellas; mi hermana decía que sólo en mi cumpleaños sucedía. Cuando tenía 16 años, mis amigos de la preparatoria me visitaron en mi cumpleaños porque recibí una golpiza por una pandilla de 8 cholos y estaba aún en reposo. Otros tantos cumpleaños han caído en lunes imposibilitando celebrarlos y otros más, han sido simples "partidas de pastel" con la familia.


El año pasado, invité a un grupo de amigos muy queridos a beber en un bar para celebrar mi cumpleaños. Yo pagué las cervezas y había valido la pena hacerlo, con tal de no cerrar un cumpleaños más enclaustrado, hasta que de regreso a casa recibí otra golpiza por un asaltante y su cómplice, me despojaron de todo y tuve que ser hospitalizado nuevamente.

Este año me rendí: no quise hacer nada más. Sólo llegué y me di cuenta que hay cosas que no cambian y que ya era momento de abrazar mi suerte. Llegué, me senté frente a la computadora y comencé a contestar publicaciones en Facebook, hasta que mi padre llegó, después de las 12 am.

Supongo que parte de crecer es retirarle la magia mística a este tipo de fechas y verlas como otro día más de labores... Mientras tanto, mi niño interior y yo asumiremos la postura de berrinche ante éstas fechas.

viernes, 25 de enero de 2013

Como en un videojuego...


Como en un videojuego...

Quisiera ver a mis alrededores la emoción de la exploración en lugar de ver con desconcierto el sentimiento de encontrarme desarmado e indefenso.

Como en un videojuego, quisiera a veces olvidarme de comer y de soñar en pro de la misión que me ha sido encomendada y no tener que escatimar cada ración que tengo.

Como en un videojuego, anhelaría sentirme fuerte y hábil por dentro, esperando que algo desconocido desbloqueé mi poder y no contemplarme con la mediocridad de un mortal que se sabe ya hecho.

Como en un videojuego, esperaría que un aliento de coraje y una historia trágica me envolvieran en la épica travesía de venganza de quien ya perdió todo y no el triste camino del que sabe que la vida es siempre perder como se pierde el viento.



Como en un videojuego, me gustaría salir a imponer la anarquía sobre las reglas y decidir a mis anchas dónde termina el bien y comienza el mal, a diferencia de trabajar para el bien de pocos y el mal de pueblo.

Como en un videojuego, me atraparía la excitación de saber que siempre se va a hacia delante y que hay un valioso finito donde me vuelvo invencible y experto, una leyenda, y no un aburrido y lento anciano a quien nadie consultaría sus aburridos cuentos.

Como en un videojuego, desearía poder matarme por el simple gusto de desaparecer y empezar de nuevo, de recrear mi historia y explorar mis decisiones y consecuencias sin el apuro de esta realidad injusta que nos somete a una sola linealidad de tiempo.

Como en un videojuego, me encantaría poder regresar el tiempo, aprender de mis errores, qué sí y qué no hay que hacer para evadir los obstáculos, no vivir lo que nos resta de vida con el muro frente a nosotros recordándonos que cagarla tiene un precio.

Como en un videojuego, exigiría un propósito, un objetivo fijo no negociable, una meta a perseguir que fuera la seducción del sabor glorioso con sus mil y un intentos detrás que sólo saben a perseverancia y no a un perdedor obsesivo y necio.

Como en un videojuego, preferiría hubiera cientos de rompecabezas, más premios por la destreza, más acertijos con respuesta... y no esta incertidumbre de preguntas sin conclusión o argumento.



Como en un videojuego, elegiría lo que yo quisiera, porque el objetivo siempre es el mismo: concluir lo que no está concluso y no como en la realidad, que a veces parecemos huir de terminar porque terminar es estar muerto.



Como en un videojuego... ojalá la vida fuera un videojuego, para no sentirme culpable por esta sensación de querer jugar, siendo un adulto por fuera que se rehúsa a mandar a dormir a ese niño que tiene dentro.

jueves, 3 de enero de 2013

Nuevos y viejos ciclos.

El Lunes pasado, 31 de diciembre, tuve junta en el trabajo. Estaban todos mis compañeros y, para mi desgracia al llegar 9 minutos tarde (ingenuos quiénes creen que los Lunes son para llegar temprano), el supervisor de gerentes. 

Platicaban acerca de los problemas y puntos a tratar sobre el servicio al cliente y tonterías. Así es, para mí eran tonterías porque no era nada nuevo, por el contrario, era algo que dominaba, pero había puntos bastante ridículos que ni siquiera pienso citar.

Al terminar de exponer los puntos, preguntaron comentarios y sin titubear, expuse la mayoría. Al parecer, mi gerente y su supervisor quedaron contentos de lo expuesto. Finalizando, ya habíamos perdido una hora de apertura, por lo cual tuvimos que acelerar la limpieza. Durante ese lapso, el gerente me habló y me dijo que por un error cometido el sábado (error que no me consta haya cometido yo) estaba decidido a despedirme, pero que al ver que ya terminaba el año, me daría otra oportunidad y no comentaría nada al supervisor sobre reclutar gente nueva. Dijo que quería empezar el año sin rencores, con una vida nueva y que me daría otra oportunidad, que la cuidara porque está bien pagado mi empleo (y concuerdo, es precisamente la única razón por la que no he renunciado pese a lo muy irritante resulta todos los días).



¿Por qué todos se tomaron tan en serio el año nuevo? ¿De verdad la gente cree que los años nuevos traen cosas nuevas? ¿"Nuevas vidas"?

Todo el año anterior intenté hacerme una nueva vida, obsesionado un poco por llegar a un sueño al que aún no sé con exactitud cuál es y por lo cual estuve de aquí allá sin zambullirme mas que en mi propia apatía... Pero por suerte aprendí mucho del año anterior: estoy aprendiendo a vivir los días con días (esos mini-ciclos continuos).

La gente se toma demasiado en serio los calendarios porque en verdad no puede visualizar lo poco que tenemos de control sobre el tiempo, siendo éste, una invención nuestra y de percepción muy muy subjetiva. También, se los toma muy en serio como parte de una estructura cultural para segmentar y darle forma y magnitud a la vida, craso error: desgraciadamente, la forma en la que la memoria define los ciclos que nosotros mismos fijamos es respecto a eventos relevantes que pueden servirnos para la supervivencia en un futuro y perdemos entonces, la capacidad de contemplar los pequeños detalles, al mismo tiempo que le restamos valor a la inmensidad universal de lo que significa estar en el aquí y el ahora.



Para mí, no hubo mucha diferencia entre 31, 1° y 2°, respectivamente a números de fechas... fueron días laborados y/o no laborados. Pero tampoco niego que aunque bien pueda ser 23 de Mayo, ese día puedo definir el resto de mis planes del año (o de mi vida, dependiendo de mi suerte y audacia) o bien, tener el día más simplón e insignificante del mes; ninguna fecha me es impedimento (o motivación) para soñar con el mañana y con los "hubiera".

No tengo propósitos para este año, pero sí tengo un propósito para los siguientes ciclos en mi vida y es aprovechar la mayoría de oportunidades que se me presenten, de cualquier forma, tengo toda una vida por delante para reparar mis errores y, si muero antes de hacerlo, qué más dará, ya habré muerto como para lamentarme.


¿Por qué forzar la vida enfocándola a propósitos superficiales y de carácter "positivista"? Si tuviera un propósito único para este 2013 sería sobrevivirlo, porque al final, cada ciclo que se cierra, cada día, cada mes, cada año, es como el nivel de un videojuego superado: libraste con vida ese nivel.
Desde esa perspectiva, me resulta ridículo celebrar la incertidumbre de un nuevo ciclo. Muchos dirán: "es un nuevo tiempo de oportunidades, un tiempo de sorpresas, un muro en blanco". Bueno, no sé ustedes pero me sigue pareciendo ridículo: ¿Por qué celebrar un año nuevo? ¿No deberíamos celebrar el cierre de año, el hecho de un ciclo que hemos superado? Inclusive, veo una impresión capital-consumista en el hecho de darle más valor a lo nuevo que a lo viejo...

De cualquier manera, la apertura o clausura de ciclos no es un tema en el cuál tenga una opinión relevante: se los dice un hombre que cree que una noche de sueño profundo repara cualquier mal humor.

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