miércoles, 24 de octubre de 2012

Una vida con depresión: vivir o no vivir.

Mi madre siempre ha sufrido depresión crónica. Cuando era niño, una vez se puso tan fuerte su depresión que marcó a una ambulancia para que la asistieran. Me ha tocado verla, en el transcurso de mi adolescencia, plañir secretamente en la soledad de su habitación... aún sabiendo que la escuchábamos.

Estoy casi seguro que los dos más afectados por su condición hemos sido los dos últimos hijos: mi hermana menor y yo. Es posible que heredáramos esa disfunción cerebral (si existe tal) que predispone a la depresión, o tal vez que aprendiéramos el hábito de ver todo en un infinito y cíclico sinsentido. Pero también he aprendido de ella trucos, atajos para sobrellevarla en el día con día como quien acepta su monstruo interior.
Hoy descubrí, al visitarla fugazmente, que ya soy bueno escondiendo mi estado deprimido. La visité, quería llorar (lo juro) y sin embargo estuve sonriente, hice un par de chistes e hice comentarios desairados habituales que a nadie sorprenderían. Me fui de ahí y la voz de mi madre confiada al despedirme me dio a entender que, en efecto, me hecho de una máscara para sobrevivir la vida en sociedad, porque ¿Quién quiere como amigo a alguien que sólo vive o ve la vida como una desgracia?
Recuerdo que en la preparatoria solía deprimirme pero no era bueno disimulándolo. Me alejaba, y daba vueltas y vueltas por ahí. Escuchaba música en mi celular pero lo hacía solo porque, si algo nunca compartí con alguien, fueron los mismos gustos musicales. Recuerdo, incluso, una vez llegué tan deprimido que comencé a llorar de la nada, a llanto tendido. Eso ya no sucede... no al menos, en público.

Todos creen que después de lo que pasó han cantado victoria porque ya no pienso en suicidarme... pero es radicalmente falso.

Hay días en que quisiera tomar una escopeta y vaciar los cartuchos a diestra y siniestra sobre la gente que me tope y al final volarme la cabeza como Kurt Cobain en forma de metáfora de que mi cerebro reventó por tanta presión.

Aún estoy terriblemente deprimido, aún me siento más marginado y solo que antes, no quiero imaginarme cuando, nuevamente, esté desempleado.
Hoy, en mi andar por la ciudad, múltiples veces visualicé formas de suicidarme: desde lanzarme de un segundo piso en una plaza comercial hasta cruzarme con los autos para ser arrollado. No, nadie debería creer que eso terminó; por el contrario, apenas empiezo a abrazar aún más la idea de la muerte como un final digno para una historia antes de que pierda su dignidad. 


Yo... yo ya le perdí el miedo a la muerte. Cuando la vida es algo indiferente, conservarla o no, no me afecta en lo absoluto. Para un ateo convencido como yo, la muerte no representa un fuego eterno que me impida dejarme morir o un paraíso apremiante, ni una segunda oportunidad en otra vida. Para mi escepticismo, no es mas que el definitivo adiós, el dormir involuntario y permanente, la ignorancia absoluta, la extinción del "yo"; para mí, morir es terminar con todo y qué más da ya lo que pase después de mi muerte: yo no estaré ahí para sentir tristeza, lástima, autocompasión o vergüenza por cómo haya muerto. Sí, mis familiares estarán muy tristes , pero ellos son más fuertes que yo, no veo el porqué no lo superen y mejor, vivan más felices sin la carga de alguien que no era autosustentable en su propia felicidad. 

En cambio, sí temo vivir. Me da miedo estar lo suficientemente vivo para descubrir mi propio fiasco, encontrarme con que no valía la pena quedarme. Tengo miedo a vivir lo suficiente para asquearme de hacerlo; miedo de vivir aburrido, con tedio, vivir alienado... Vivir porque no lo elegí yo pero "es lo que hay". Sí, tengo miedo a la opresión y a las autoridades absolutas, a no ser yo quién dirija mi vida, miedo (trillado) a vivir de rodillas. Según mi psicóloga, es una fobia que repito por temor a la autoridad tiránica que representaba mi madre. Suena elocuente, pero tengo mis reservas al respecto de la teoría (y de la psicología).

Desde que mi "episodio" suicida se hizo público, mucha gente me pregunta diario cómo estoy. También, algo que noté, es que todos me dicen que piense en la gente que me aprecia, en los que se preocupan por mí... Pero eso es falaz. Vivir para preocuparle a los demás es peor que suicidarse sin tomarle importancia a tus cercanos; vivir acosta de ellos es todavía más ruin.
Me han dicho que busque metas, que me proponga cosas: la mayoría de ellos no saben que ya las tengo y que precisamente estoy consciente de lo muy difíciles que será alcanzarlas, de lo mucho que tendré que sacrificar y del posible fracaso que alcance al intentarlo. Estaría dispuesto a jugar ese reto... si pudiera guardar partida y empezar de nuevo como en cualquier videojuego.


La única buena razón que tengo para vivir tal vez sea averiguar si hay una buena razón para haber vivido... En tal supuesto, supongo no ser el único en este limbo de apatía existencial.

3 comentarios:

  1. Sí, soy parte de ese todo que te pregunta cómo estás, que te dice que hay personas que nos preocupamos y te queremos pero lo hago con la intención, como te dije la vez pasada, de que te des cuenta de que no pueden estar equivocadas al pensar en ti.

    No digo que vivas acosta de ellos, pero también forman parte de tu vida, quiero jactarme que formamos. Sí no lo quieres hacer por los demás, si no lo quieres hacer por ti, hazlo por la vida misma. Créeme que vale la pena, aunque suene como libro de superación personal y aunque tú no creas estoy consciente de que hay un tiempo, lugar y situación para todo. No te prives de vivirlo, de experimentarlo, no creas que eres débil porque sé que eres alguien muy fuerte.

    No prives a este mundo de ti, no nos prives a nosotros de ti. Porque aunque nadie está seguro de qué es lo que sigue después de dormir para siempre la ausencia que dejarás en este mundo es tan grande que ninguna máscara podrá cubrir ese sentimiento.

    No lo hagas, lo imploro.

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  2. Soy la persona menos indicada para decirte algo... Tú sabes porqué.

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  3. n_n hiii!!!... papaloteando por el universo digital vine a caer aquí, directito en tu blog.

    Atraida por este mar de palabras que dejan ver un espíritu tan interesante y lleno de cualidades, sigo paseando mis ojos por tus pensamientos traducidos.

    Y, ¡vaya! me encuentro con tus miedos, temores y fantasias plasmadas en una pequeña linea que deja ver el desasosiego de un alma perdida en si misma.

    Vamos, ¡animo!, se que la depresión tal vez llega y se va, y probablemente me diras: "tú no sabes como me siento", y eso, es una verdad, no lo se, no soy tu, no puedo sentir lo que tu sientes y, como no te conozco, aun menos validos son mis argumentos, sin embargo la empatía generada de lo que leo, no la podrás negar. Por esto, insistire: Yo, una persona desconocida que no ha tenido un contacto contigo más alla que tus palabras sueltas en la corriente, te puedo asegurar que alguien con tantas cualidades seguro tiene un propósito en el universo, sólo que creo, que talvez no te has dado cuenta de tu propia valía. No desesperes, un día cuando mires el espejo te darás cuenta del diamante que eres, no como la roca que aparentas.

    Los arboles, no importa que tan duros sean... igual que los diamantes, quitandoles la capa externa dejan ver todo su brillo... buscando en sus raíces conoces lo aprendido y regandolos/puliendolos con cuidado reverdecen el universo...

    M. :D

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