lunes, 22 de octubre de 2012

Al filo de la autodestructividad (Porqué desaparecí de internet).

Para quiénes me conocen o me siguen por Twitter, sabrán de mi personalidad que tiende casi siempre a la depresión. Soy una persona que fácilmente se desilusiona y desanima, eso aunado a muchos trastornos que tengo en mi personalidad (ego, perfeccionismo, falta de autoapreciación personal, dependencia emocional, indisciplina, una justificada misantropía, etcétera), por lo que siempre me he considerado una persona conflictiva, inclusive, recuerdo que varias personas me han dicho que mi mirada tiene un tono de tristeza.
Les repito: mi naturaleza es la verdadera entropía.

Bueno, lo que sucedió esta semana redefinió todo, aunque tal vez el término más correcto para mi situación sería: "terminó por definir".

Desde que tengo memoria, suelo ser muy ocurrente con lo que me rodea. Soy de ese tipo de personas que si ve un arma de fuego o un objeto contundente ya está pensando a quién disparar o a quién apalear. Si veo un hacha, ya estoy pensando en cortar un árbol, si veo una sierra, ya estoy pensando en serruchar "lo que sea", si veo un martillo ya estoy pensando en qué destrozar, si veo un taladro, pienso en perforar algo... Soy práctico e inmediato en ese aspecto.
De la misma forma, soy de esas personas que si ve una cuerda y una viga, piensa en ahorcarse o si se encuentra parada desde un punto muy alto, piensa en lo que sería lanzarse despreocupadamente y esperar lo inevitable, de la misma forma en la que a veces me pregunto que sería apuñalarse directamente el corazón en público.

En este punto de la lectura, ustedes podrán constatar que no mentía cuando decía que mi naturaleza autodestructiva no era broma. Por lo general, gusto de meterme en problemas; pensaba que era una forma de probarme a mí mismo pero ahora pienso todo lo contrario.
Pero si usted cree que hago alarde de algo de lo que no me siento orgulloso, tal vez tengas razón, le aseguro que, conforme sigas leyendo, entenderás el porqué de éste "pavoneo" lastimero.


El fin de semana pasado fue pasivo. No salí con nadie y aunque tenía una fiesta el viernes, preferí no desvelarme ya que al día siguiente trabajaba temprano. El sábado ni siquiera me esmeré en buscar un pretexto para salir: ahí estaba la consola y mis ganas de huevonear exigiendo atención. Para el domingo, fui a trabajar y regresé rápidamente al salir para ir camino a casa de mi madre. Ese día recibí una llamada de Telcel sobre efectuar un pago para no cancelar mi contrato (lo cual, para quiénes desconozcan, es muy problemático, ya que entre los artículos de cancelación está la indemnización) por lo cual me entristecí un poco al pensar que mis deudas están lejanas de saldarse.
Fui allá, entregué un dinero y me entretuve jugando un rato con mi hermano. Intenté instalarle un dispositivo y al desistir le marqué a mi padre para que pasara por mí.
En el camino tuvimos una charla amena. Regresamos y nos dormimos. Al día siguiente las cosas ya estaban raras.

Sentía esa presión de estar solo, abandonado, esa intolerancia a estar vivo. No me sentía agusto de ninguna forma con mi situación. Ese día cerraba así que no hubo problema alguno en la tarde puesto que estuve muy ocupado, pero el día siguiente sí que fue un problema. Abrí temprano y por ende, salí en la tarde.
Ese mismo día mientras comía recibí otra llamada  y fue bastante desmotivante que, en lugar de recibir la llamada de un amigo, fuera un servicio de cobranza exigiendo un mínimo pago; me comprometí a pagar el jueves.

Al regresar de trabajar muchas cosas me rondaron por la cabeza. Como siempre he dicho, el transporte público es una buena forma de elaborar historias viendo tantos rostros ajenos, pero se convierte en una horrible desventaja cuando esperas que esas historias se hilen a ti y terminas siendo otro triste espectador. Pensaba en todo lo que me había sucedido, todo lo que me esperaba, si podría o no salir pronto de mi situación. Una chica atractiva me hizo bajarme una estación antes de la mía y decidí aprovechar para caminar y reflexionar un rato en lo que iba a pagar mi factura de Telcel (que se encuentra camino a mi casa). Caminé anónimamente y un poco avergonzado, aún no me acostumbro a mi actual aspecto tan pulcro y ridículo. Pasé por bares y vi estudiantes. Pasé por mi universidad (o anterior universidad, que, por cierto, también está de paso) y vi más universitarios por la tarde, platicando, dialogando, despreocupados, viviendo su juventud, siendo "felices". Sentí una terrible envidia por sus certezas, por estudiar y aprender, por ser remunerados cuando están siendo privilegiados, por vivir lo que les "corresponde". 


Pensaba en lo que me hacía falta pagar y lo que me hacía falta comprar, en las ganas que tengo de salir con una chica que me aprecie en verdad y no sólo me utilice como fuente inagotable de autoestima y consejos. Cuando llegué a la computadora, lo primero que hice fue cargar el capítulo nuevo de Dexter (una de mis series favoritas) que no había visto al día anterior por culpa del trabajo.
Mientras cargaba, estuve en Facebook un rato sólo para descubrir que una de las mujeres que me interesaban ya tenía novio. No había nada entre ella y yo, sólo un crush y fin, pero me convierto en un niño de 5 años al lidiar con el rechazo. Me sentí mal y rápidamente busqué alguien con quién iniciar una charla y desahogarme pero no encontré a nadie que pudiera entender mi situación. 

El capítulo cargó completamente. Lo vi por completo y al terminar de verlo sentí un enorme vacío (no sé si por la empatía que generó o simplemente porque acrecentó el hueco en mi interior), y me sentía extraño. Hablé con una chica de confianza y le dije que eliminaría mi Facebook y mi Twitter. A la par, hablé con la chica con la que hace poco tenía planes de vivir juntos (como pareja, que dicho sea de paso, tales planes se han cancelado ya) y no recibí ninguna palabra de aliento, sólo frialdad en las respuestas.
Esa misma noche desactivé mi cuenta y de la misma forma, los pensamientos suicidas comenzaron a rondar en mi cabeza. Recuerdo aún que alrededor de la madrugada comencé llorar sin recordar exactamente porqué.

Al día siguiente doblé turno y tenía esa sensación de conectarme a algún sitio. Abrí mi cuenta alterna de Twitter y al ver que muchos notaron mi ausencia, sólo contesté a ciertas personas. Decidí, de nueva cuenta, para evitar desahogos innecesarios borrar también mi cuenta alterna y lo hice...

Por la tarde, mi jefe inmediato, mi gerente y el supervisor de gerentes me mandaron llamar para charlar conmigo. Era el momento del ultimátum: mi semana de capacitación había terminado y querían ver una notable mejoría en mi desempeño, de lo contrario, tendrían que despedirme. Francamente, ya esperaba que hablaran conmigo... contesté animoso y convencido de querer quedarme (aunque ni de tonto mencioné que lo hacía porque la paga era buena aunque todo lo demás fuera un asco).
Esa misma tarde cometí muchos errores y me retiré del trabajo muy desmotivado. Al llegar a casa quise charlar con mi padre pero al final me retracté y me limité a conectarme a Internet. Me conecté a Skype y se encontraba la chica que ya tenía novio. Bueno, sólo se me ocurrió decirle "Nos vemos en la otra vida", y la borré.

Estuve ahí conectado un rato. Mientras, me propuse ver el video de Amanda Todd, el caso lo leí en la tarde y algo me impulsó a verlo, como buscando en ella el mal ejemplo a no seguir. Cuando terminé de verlo, nuevamente estaba llorando y, contrariamente a lo que pensaba, vi en ella una inspiración. Fue entonces cuando escribí mi último post... Ya tenía varias semanas en pensar en duplicar la dosis de Fluoxetina porque no había sentido mejorías y siempre he creído que soy algo inmune a las drogas o fármacos. Quise investigar si podría ser víctima de sobredosis en caso de que abusara y, nuevamente, en lugar de temerle, me gustó la idea.
Me dormí con un extraño hormigueo en el pecho y con la certeza de que mañana  tendría mucho tiempo a solas para pensar.

Me desperté hecho mierda, con una sensación de querer dormir y no poder. No estaba bien, algo andaba terriblemente mal en mí, era como una sensación de aire que subía y bajaba en mis adentros... y me presionaba.
Bajé a orinar, me vi en el espejo y no me gustó para nada lo que vi: yo y un puñado de ojeras debajo de ambos párpados reclamando un aspecto moribundo.
 Fue entonces que recordé que tenía que tomarme el medicamento... tomé el bote y me eché el resto de pastillas que tenía, luego bebí agua.
Me conecté y platiqué con mi hermana mayor sobre los efectos (ella es QFB) y me dijo que no lo intentara. Le confesé todo... intentó reanimarme, no pudo. Me desconecté. Comencé a llorar a llanto tendido y mientras me veía en el espejo, recitaba las canciones depresivas que escuchaba (porque, ¿qué es una depresión sin un buen SoundTrack que la acompañe?).
Estaba mal. Tomé otro frasco de pastillas y pensé en abrirlo. Pensé en las palabras de mi hermana y me detuve. Pero me sentía terrible. Recordé a Lorena y lo mucho que me hizo sufrir y las ganas de matarme en aquella ocasión cuando recién la había perdido. Otra vez miré hacia el frasco... "¡NO, NO, NO, NO!", me repetía en mis adentros mientras recitaba una canción y lloraba incesante.

Después, sentí nauseas y posteriormente sueño. Me acosté porque no quería ignorar al sueño. Desperté 15 minutos a la 1:00 pm y recordé que tenía que realizar ese pago que me comprometí. Me vestí y salí a caminar. Fui y realicé el pago, con miedo a la que cajera me viera con lástima por la cantidad que depositaba comparada a la que debía urgentemente. 

Me retiré de ahí y al sentir latiente mi necesidad de contacto humano y no habiendo sido la casualidad motivo para encontrar a alguien, decidí entrar a mi antiguo centro universitario para ver si encontraba a alguien. Caminé por sus pasillos, encontré un viejo compañero que se cambió de carrera. Me saludó y lo saludé nervioso, principalmente porque se encontraba rodeado de "gente bonita".
Seguí mi camino y decidí ir a comprar cigarros. Compré dos y el primero lo fumé. Resentí el ardor en el estómago mientras fumaba y me relajaba sentado en un banca, viendo a nadie y pensando en todo. "¿Qué iba a hacer?" La pregunta que dio vueltas de campana en mi cabeza todo ese rato mientras se consumía el cigarro. Lo terminé y me sentí extraño, impropio al ambiente. Decidí encender el otro cigarro y caminar mientras fumaba.
Caminé con la inocente esperanza de toparme con alguien de casualidad... y lo hice. Al terminar mi cigarro, me topé con una chica que conocí años atrás porque me atraía, le había pedido su número y al final nunca salimos, pero si charlábamos cada vez que nos topábamos.
La saludé, estaba nervioso. Ella comenzó a preguntarme qué cómo estaba (¿tendría idea de que en la mañana intenté intoxicarme?), que qué había hecho y esos convencionalismos para iniciar una vieja charla. Le volteé el rol y ella me contestó cómo le estaba yendo. Me contestó y yo comencé a contarle mi lastimera historia de haberme dado de baja de la carrera por no poder con la escuela y el trabajo. Luego, que vivía cerca, que sólo fui a caminar... Le pregunté que qué más había hecho y que si tenía novio. Evadió mis preguntas de forma incómoda, reiterando que le había ido muy bien y, al sentirla incómoda, finalicé la charla con "tengo que irme". Me despedí y le di un abrazado, el cual, sentí forzado, no hace falta mencionar que me sentí peor si no lo hubiera recibido ¿verdad?

Seguí caminando regreso a casa y me sentía un zombie. Aún tenía ganas de llorar. Al llegar a mi casa (que no es mía) me sentí igual de intruso que los primeros días que me mudé ahí. No reparé ni en saludar y subí directamente a mi habitación. Intenté jugar Mortal Kombat y al recibir paliza tras paliza, apagué la consola. Encendí la computadora pero no vi razón para tenerla encendida. Intenté, incluso, ver porno y no pasó nada. La apagué y volví a dormirme. Me despertó una llamada de mi madre diciéndome que si estaba deprimido, podría ir a verme. Le dije que estaba bien (mentí) y me volví a dormir al colgar.
Cuando desperté bajé a beber agua, me sentía crudo...
Aún estaban esas 28 pastillas de fluoxetina esperando por mí si realmente estaba decidido... en eso entró mi hermana menor.
El resto de la historia yace aquí.

Salí de casa de mi madre. Me pareció ver el auto de Lorena así que me quedé un rato en una esquina por si volvía, interceptarla y decir lo primero que me pasara por la cabeza, sólo quería desahogarme. Por suerte, eso no sucedió así que después de una hora y cuarto me retiré y me fui a mi casa.
Al regresar, estuve ahí y las ganas de esfumarme no se habían ido, pero al menos no estaban taladrándome la tranquilidad, así que decidí jugar videojuegos.

Llegó mi padre y fingí que nada pasaba, pero eso no duró mucho: mi madre marcó a los 20 minutos y le contó todo lo sucedido.
Mi padre se sentó y charló conmigo y me desahogué. Hablamos de todo... Le dije que las historias de mi tío más grande y como era un fracasado problemático, me hicieron pensar que yo terminaría igual.
Y pues sí, dijo lo que un padre haría. También dijo que al ver la situación, era necesario que me atendiera de inmediato con un psiquiatra y que también fuera a recibir terapias en donde mi psicóloga me había recomendado asistir para complementar la terapia.

Nos fuimos a dormir. Era Viernes por la mañana e inicié mi día con toda la actitud, como renovado.
Puse a lavar ropa y llegó el momento de retirarme a trabajar.

Llegué allá y un día estresante me esperaba, así que comencé con llamadas de atención, mucho trabajo y mi ánimo se fue cayendo. Para la noche, un amigo me mandó un mensaje para buscarme. Al salir de trabajar y llegar a mi domicilio, él ya me esperaba. Me cambié y nos fuimos a un bar. Charlamos de lo sucedido, me contó que se enteró por un amigo que vio mi blog y que corroboró la historia con mi hermana menor, precisamente, por ver las entradas que enlacé arriba. No sabía de tales entradas. Seguimos charlando en la noche y una vieja compañera de carrera (que por cierto, me odia irracionalmente) estaba en el bar y fingió no verme. Charlamos sobre motivos de "porqué" vivir, aunque no me dio ninguno de peso. Cuando iban a cerrar el bar, nos fuimos a otro que siempre tiene música y gente. Pero entramos y no me sentí cómodo. Bebimos un par de cervezas y al cruzarse con el whiskey que bebimos durante toda la noche me sentí ebrio.
Nos retiramos y me llevó a mi casa. Le di las gracias y me dijo que buscara a Jesús (en tono de broma). Me retiré a dormir. Eran las 4 am (o más) y sólo llegué y me acosté.
Me desperté temprano, aunque mi padre ya se había retirado.
Sentía jaqueca por la desvelada y crudo por la bebida. Me volví a deprimir y las ganas de arrebatarme la vida ahí estaban otra vez, ¿qué demonios me sucedía?. Esta vez me dio miedo. Encendí la computadora y busqué en el Tumblr de mi hermana la historia de lo sucedido. La encontré y comencé a llorar, me sentí mal: yo, su principal soporte, se quería autodestruir. Ella, que tenía 15 años y la había tenido mucho más difícil que yo en la adolescencia, había encontrado razones para vivir... Fue entonces que decidí escribir este post, para desahogarme antes de cometer otra estupidez. La hora de irme a trabajar había llegado y no alcancé a terminarlo. Ese sábado me volvió a ir mal en el trabajo (tuve que pagar una cuenta que se retrasó por mi culpa).
Llegué a casa de la novia de un amigo en la que yo puse la comida y todo estaban platicando. Fue una buena noche y entonces le tomé un poco de sabor a la vida. El día siguiente era domingo. Charlé con mi papá mientras desayunábamos de que tal vez pronto perdería el empleo. Me dijo que no me desanimara, que ya saldríamos adelante.
Me alisté y me fui a trabajar. También fue un mal día, pero al regresar al menos estaba mi padre para charlar.
Hoy es Lunes, no quiero ir a trabajar... no, al menos, para cagarla nuevamente y sentirme más inútil de lo que ya me siento. 


¿Quiero vivir? No lo sé... Los únicos motivos que tengo para vivir es comprarme un par de videojuegos, asistir a un concierto y comprar un nuevo Smartphone.

¿Volveré a Facebook o Twitter? Tampoco lo sé... no quiero estar en un sitio donde dar lástima puede ser el papel a desempeñar cada día. Donde tengo que pretender estar bien para que la gente me acepte y donde sólo hay cariño público e indiferencia íntima.

Y aquí es la convergencia de mi caos: la incertidumbre de mis acciones me hace vivir y querer morir todo el tiempo.
Yo no era impulsivo... pero poco importa lo que se era cuando es diferente a lo que se es.

2 comentarios:

  1. No pude evitar derramar unas lágrimas al leer que intentarías quitarte la vida. Sabes por las cosas que he pasado, que me llego a desesperar. Sentir que nada de la vida puede tener sentido. La vida no es fácil y hay que saberla sobre llevar. No queda más que intentar ser fuerte o fingir que nada duele, cuando por dentro te estas derrumbando.
    He pensado en hacer lo mismo que tú... Pero hay momentos en que pienso en ellos, de alguna manera u otra me quieren, aunque tengamos roces; igual ellos a ti, quizá no sepan hacerte sentir eso.

    Yo quizá sea alguien más, con una vida llena de dolor, tristeza. Desde hace años que no siento esa dicha.

    Piensa en las personas que te queremos.

    Te quiero y me gustaría poder demostrartelo no sólo con letras o palabras.


    Y recuerda estoy aquí, aúnque esos kilómetros me separan de ti físicamente.

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