Mi salud mental flaquea.
Siento que rozo la locura. Que estoy a dos pasos de abandonar todo lo material y desaparecer.
Siento una vena palpitando cerca de mi frente. Mis nervios canibaleándose.
Siento una desazón, un despropósito en mi camino. Alguien cambió la partida y no me se me notificó.
Siento demasiado. Ese problema sí se me avisó.
Pero nadie tiene instructivos ni biblias para el sentir. Y sólo puedo quedarme con el desasosiego de ver siempre mis esfuerzos desmoronarse.
Sólo puedo quedarme a ser espectador de mi propia ruina, de mi propia autodestrucción.
Sólo me queda quedarme donde no quiero estar... Donde no me gusta quién soy.
Sólo puedo sentarme en la banca a ver quiénes más ganan el juego y yo aprieto los puños fuerte, por no ser protagonista de mi propio campeonato... Por entrar para perder.
Aún no puedo creer dónde fui a parar. Aún no puedo creer cómo llegué aquí.
Puedo perder mi empleo por ansiedad. Acabo de terminar la relación cuyos planes fueron los más serios al momento. Y estoy condenado a gastar mis quincenas en esta renta maldita: Financiando mi propia prisión, mi propio encierro.
Alguien me sacudió el cerebro. Alguien me descompuso el corazón. Alguien desperdició mi alma...
Y ahora soy el contenedor de un puñado de fracasos anunciados. Una canasta con panes añejos.
Y ya no sé qué es real y qué no. Ya no sé controlar mi emociones. Perdí toda voluntad y sólo quiero estar en cama. O ir a la cocina ocasionalmente para darme cuenta que no hay nada que me apetezca comer y volver a la cama enseguida.
Nadie ríe. Ésta desgracia no viene con un remate del chiste. No la acompaña una tarola y un platillo. Me tengo qué tragar este absurdo sin agua. Y con un poco de suerte, atragantarme hasta morir.
Me he sentido desahuciado pero hoy, me siento desahuciado por mí. Porque estoy aquí pero ya no. Ya no está el mando principal, ya no hay quién lidere este barco y cada día siguiente se siente como un iceberg apunto de colapsar conmigo.
Un día me hundiré y no habrá honor en la arrogancia en cómo me hundí. Una día me hundiré porque mi percepción tan flaca sólo es anorexia cognitiva. Un día me hundiré y habrá muerto el dolor.
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