¿Cómo le gritas al mundo ciertas cosas importantes?
¿Cómo le gritas al mundo que no eres punto de comparación?
¿Cómo le gritas que eres lo que eres? y
¿Cómo les gritas que, en sus múltiples variabilidades eres, al igual que cualquier, una consecuencia de tus circunstancias?
¿Cómo les gritas que no difieres de alguien a quien te cruces en la calle, sea o no su ropa de marca o sea su trabajo bien remunerado o el salario mínimo?
¿Cómo les gritas que eres un resultado de lo que nadie planea ser, con todo lo desagradable que implica?
¿Cómo le gritas al mundo que no eres educado?
¿Cómo le explicas a esas masas lo que no te puedes explicar a ti mismo?
¿Cómo les dices que eres puro potencial desperdiciado?
¿Cómo les haces saber que eres material contaminado?
¿Que estás perturbado? ¿Que no naciste turbio y te aclaraste artificialmente?
¿Cómo les esclareces las cosas a un mundo opaco?
¿Cómo gritarle al mundo sordo?
El mundo nunca escucha, menos la gente que para eso habita en él. Tuve que preguntarme todo esto sólo para llegar a la sencilla y lógica respuesta:
Para gritarle al mundo cosas importantes debes ser alguien importante... y es que una vez arriba todos te escuchan, aún si eres un completo ignorante, como yo.
Crónicas de un desconocido que se siente extranjero en su propia tierra.
Blogger Score
martes, 19 de febrero de 2019
Anorexia cognitiva
Mi salud mental flaquea.
Siento que rozo la locura. Que estoy a dos pasos de abandonar todo lo material y desaparecer.
Siento una vena palpitando cerca de mi frente. Mis nervios canibaleándose.
Siento una desazón, un despropósito en mi camino. Alguien cambió la partida y no me se me notificó.
Siento demasiado. Ese problema sí se me avisó.
Pero nadie tiene instructivos ni biblias para el sentir. Y sólo puedo quedarme con el desasosiego de ver siempre mis esfuerzos desmoronarse.
Sólo puedo quedarme a ser espectador de mi propia ruina, de mi propia autodestrucción.
Sólo me queda quedarme donde no quiero estar... Donde no me gusta quién soy.
Sólo puedo sentarme en la banca a ver quiénes más ganan el juego y yo aprieto los puños fuerte, por no ser protagonista de mi propio campeonato... Por entrar para perder.
Aún no puedo creer dónde fui a parar. Aún no puedo creer cómo llegué aquí.
Puedo perder mi empleo por ansiedad. Acabo de terminar la relación cuyos planes fueron los más serios al momento. Y estoy condenado a gastar mis quincenas en esta renta maldita: Financiando mi propia prisión, mi propio encierro.
Alguien me sacudió el cerebro. Alguien me descompuso el corazón. Alguien desperdició mi alma...
Y ahora soy el contenedor de un puñado de fracasos anunciados. Una canasta con panes añejos.
Y ya no sé qué es real y qué no. Ya no sé controlar mi emociones. Perdí toda voluntad y sólo quiero estar en cama. O ir a la cocina ocasionalmente para darme cuenta que no hay nada que me apetezca comer y volver a la cama enseguida.
Nadie ríe. Ésta desgracia no viene con un remate del chiste. No la acompaña una tarola y un platillo. Me tengo qué tragar este absurdo sin agua. Y con un poco de suerte, atragantarme hasta morir.
Me he sentido desahuciado pero hoy, me siento desahuciado por mí. Porque estoy aquí pero ya no. Ya no está el mando principal, ya no hay quién lidere este barco y cada día siguiente se siente como un iceberg apunto de colapsar conmigo.
Un día me hundiré y no habrá honor en la arrogancia en cómo me hundí. Una día me hundiré porque mi percepción tan flaca sólo es anorexia cognitiva. Un día me hundiré y habrá muerto el dolor.
Siento que rozo la locura. Que estoy a dos pasos de abandonar todo lo material y desaparecer.
Siento una vena palpitando cerca de mi frente. Mis nervios canibaleándose.
Siento una desazón, un despropósito en mi camino. Alguien cambió la partida y no me se me notificó.
Siento demasiado. Ese problema sí se me avisó.
Pero nadie tiene instructivos ni biblias para el sentir. Y sólo puedo quedarme con el desasosiego de ver siempre mis esfuerzos desmoronarse.
Sólo puedo quedarme a ser espectador de mi propia ruina, de mi propia autodestrucción.
Sólo me queda quedarme donde no quiero estar... Donde no me gusta quién soy.
Sólo puedo sentarme en la banca a ver quiénes más ganan el juego y yo aprieto los puños fuerte, por no ser protagonista de mi propio campeonato... Por entrar para perder.
Aún no puedo creer dónde fui a parar. Aún no puedo creer cómo llegué aquí.
Puedo perder mi empleo por ansiedad. Acabo de terminar la relación cuyos planes fueron los más serios al momento. Y estoy condenado a gastar mis quincenas en esta renta maldita: Financiando mi propia prisión, mi propio encierro.
Alguien me sacudió el cerebro. Alguien me descompuso el corazón. Alguien desperdició mi alma...
Y ahora soy el contenedor de un puñado de fracasos anunciados. Una canasta con panes añejos.
Y ya no sé qué es real y qué no. Ya no sé controlar mi emociones. Perdí toda voluntad y sólo quiero estar en cama. O ir a la cocina ocasionalmente para darme cuenta que no hay nada que me apetezca comer y volver a la cama enseguida.
Nadie ríe. Ésta desgracia no viene con un remate del chiste. No la acompaña una tarola y un platillo. Me tengo qué tragar este absurdo sin agua. Y con un poco de suerte, atragantarme hasta morir.
Me he sentido desahuciado pero hoy, me siento desahuciado por mí. Porque estoy aquí pero ya no. Ya no está el mando principal, ya no hay quién lidere este barco y cada día siguiente se siente como un iceberg apunto de colapsar conmigo.
Un día me hundiré y no habrá honor en la arrogancia en cómo me hundí. Una día me hundiré porque mi percepción tan flaca sólo es anorexia cognitiva. Un día me hundiré y habrá muerto el dolor.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)