Recientemente, escuché una canción y quise escribir la frase, todo para darme cuenta que aún te he guardado en un espacio. Ése espacio te lo dejé con cariño para que te retractaras. No precisamente con el fin de que quisieras recuperar lo nuestro, si no con el fin de que al menos, admitieras tus errores de forma OBJETIVA y pudiéramos al menos salvar los buenos recuerdos y el vínculo íntimo de los dos que algún día se conocieron más allá de las ropas y las miradas.
Pero has sido egoísta... Tú y esa puta frase que sólo empuña la gente que ha sido herida y ha adquirido un temor primitivo al fuego: "Por eso yo, después yo y luego yo. Al último están los demás...". Mentiría si cuando la dijiste no te vi como una niña caprichosa de 16 años diciéndoselo a otra compañera mientras platicaban sobre bobadas triviales.
No te voy a odiar, porque tú perfectamente sabes que cuando odio algo, es para corregirlo o doblegarlo y ninguna de esas dos acciones está en mis planes contigo.
Quiero erradicarte. Voy a hacerlo. Te prestaré mi indiferencia (esa que siempre te dije que sólo usaba en casos de emergencia cuando realmente algo me molestaba y lo quería muerto). Te prestaré la misma indiferencia que se le presenta a los difuntos olvidados cuya trascendencia no fue si no mediocre. Y ésa es la parte que te define... fuiste una novia, hasta al final, mediocre.
Te desprecio por haberme desilusionado. Ya no te odio porque no me ames (al final, no lo hacías, sólo estabas cómoda con mis atenciones "especiales") y mucho menos porque me hayas hecho lucir un estúpido, esa culpa la tuve yo. Te repudio por que, con lo último que hiciste, haces muy difícil perdonarte... No puedo quejarme, en cierta forma, hiciste más fácil todo esto. Pese a haber intentado recuperarte, pese a haber admitido mis errores, pese a haber prometido un cambio en mí por el bien de ambos (sabía de mis tendencias autodestructivas desde antes de perderte) no pude convencerte... y estuvo bien. Ahora ya eres algo menos que perfecta, en realidad estás debajo del promedio de mis exigencias. Exigencias que omití porque te amé y porque creí que me ofrecías comprensión absoluta sobre mis defectos y virtudes, sobre mis excentricidades. De no haber sido por tu "supuesta crueldad" no hubiera entrado en cabeza que siempre omitiste todo lo que no te gustaba de mí, lo postergaste. Te costaba comprenderme, pero no querías hacerlo, porque eras feliz, al igual que yo de ser sólo un par de animales juntos, intercambiando hormonas y anhelos fantásticos; bailando sobre dopamina como un par de neófitos en el amor.
Te veo ahora (en realidad, te recuerdo) y veo lo mucho que omití de ti. Tus caprichos, tus manipulaciones, tu incomunicación, tu falta de altruismo y tu muy obsesiva forma de verte como alguien gorda; tus fanatismos por un escritor malo (sí es que el término escritor no ofende al resto al acuñárselo) y un grupo de pop muy plástico, totalmente contrarios a tu carta de presentación social como una chica ruda, despreocupada y fuera del alcance de los constructos sociales que nos limitan... puro esnobismo de tu parte.
Y sí, todo eso que veo en ti es el reflejo de aprender de la mejor maestra, esa persona que terminaste odiando más que nunca por arrebatarte una vida tranquila: tu madrastra.
Caprichosa, pretenciosa, intentando demostrar no ser alguien más siendo alguien más en otro círculo, defendiendo el honor y la apariencia... ¡BAH!
Me hiciste mucho daño al final. Tu inmadurez fue la mía pero terminé pagándola yo por el simple hecho de haber apostado por ti y haber alejado a todas esas mujeres que se sentían atraídas por mí. Tú ya tenías a alguien (tu atractivo físico y tu coquetería son armas eficaces) y yo decidí empeñar a todas esas personas en tu nombre como un boleto de rifa que esperaba fuera ganador, pero no fue así.
No debo lamentarme, también pequé en contra tuya por ingenuo y novato. Mis infidelidades pudieron haberse quedado conmigo y haberme favorecido. La honestidad en este caso ya no era el estelar y yo no lo sabía. Pero esas infidelidades menores no pasaron de simples tropiezos. Confieso que tuve miedo de tener sexo con otra que no fuera tú descubriendo a media cabalgata que deberías estar en su lugar y darme cuenta de ello con gran dolor de conciencia; nunca pasó.
Pero tú si pudiste acostarte con alguien más e incluso quejarte conmigo de su "pequeña suerte". Descaro. Me hiciste sentir el hombre más impune. Le fuiste infiel conmigo y el nunca lo sabrá (porque es un idiota).
No te vanaglories con el título de ser la mujer más astuta ni de haberte salido con la tuya: los años ya te sugerirán que te quedaste con el más común de los mortales y que su corta ambición te llevará al aburrimiento extremo y una vida tan rutinaria y común, que entonces entenderás qué verdaderamente querías (en caso contrario, me alegro haberte dejado). Tampoco te creas cruel ni despiadada. No finjas ser una Femme fatale manipuladora: no lo eres.
No me timaste: te timaste tu sola. No te sientas inteligente, por el contrario, te viste bastante tonta. No eres cruel, eres torpe. No es que seas fría, es que tienes demasiado miedo... Y todo eso siempre lo supe de ti.
Te lo dije: "Sabes perfectamente, que si hacemos un análisis, te conozco más yo a ti que tú a mí". Lo irónico de esto, es que siempre he sido un libro abierto y sólo que hay hacer las preguntas adecuadas.Tú nunca preguntaste nada, era una tarea muy complicada para ti. Preferiste callarme a besos y matar las tensiones con siestas o sexo (de lo último tampoco puedo quejarme).
Te escribo esto, aunque sé que no lo vas a leer... Por que tu ego es enorme y no podrías callar y no contestármelo: exigirías tu derecho a replica como el agrario que exige derecho a tecnología que no va a saber usar. Tampoco lo leerás porque el cyber-espacio es muy vasto para ti y no sales de esas burbujas de conocimiento: para ti la sociedad era tan simplemente tipificable como mierda (con ése espíritu hermitaño que abanderabas) y lo digital como algo que nunca aprenderías mientras tuvieras un experto cerca (que era yo [quiero ver si ése pedazo de paleto puede arreglarte cualquiera de los aparatos que te prometí alguna vez darle mantenimiento] en ese caso).
Agradezco los muy bellos momentos que me regalaste. No dudo que algún día me hayas amado y sólo el resto te hayas aferrado a lo que ya no sentías. Sabes por qué cambiaron las cosas. Sabes que tus inseguridades fueron tan fuertes como las mías. Sabes que no fue mi año y que tu lo acuchillaste. Sabes que yo sí estuve contigo cuando todo se puso difícil. Sabes lo mucho que te amé y que mi error estuvo en otorgarte todos los derechos de hacerme feliz: ahora sé que la mayoría de los derechos deben quedarse conmigo.
No te esfuerces Lorena. Estoy contento de no habernos casado porque aún tienes mucho que aprender, más ahora que decidiste tomar un atajo y te perderás del paisaje importante. Tampoco te quiero en mi futuro porque tu figura está gastada y, por desgracia para mi ego intelectual, tenías razón: hay muchas mujeres mejores que tú (recientemente conozco a una y luce más madura que tú a su corta edad).
Ya es jueves por la madrugada y sabes que son mis días de mala suerte. Mala suerte que alguna vez compartimos cuando discutimos o el clima nos jugó mal; mala suerte que espero te acompañe como algo de lo peor que te pude dar yo a ti porque es lo que te mereces; si te volviera a dar lo mejor no lo apreciarías y seguirías muy cómoda. Yo me quedo con lo mejor de ti como quien se roba lo querido de alguien y me quedo con lo malo como quién roba rosas espinadas de un jardín vecinal. Yo no te doy nada, no porque no lo tenga, si no porque no quiero. Lo mejor de mí me lo quedo para dárselo a los míos que tanto quiero (y que llegaste a celar absurdamente) e incluso, a una nueva persona.
Esfúmate Lore... Esfúmate con todas las desventuras de este año que mi vida da un paso y yo ya no te volteo a ver más que para sonreírte con cortesía como saludaría un vendedor a su clientela y para desearte que te vaya lo suficientemente mal para que por fin entiendas la diferencia entre elegir lo difícil y lo fácil, entre la comida lenta del gourmet y la comida rápida chatarra.
Yo, hoy, te dedico esto último... Esto último para que te vayas y te lleves todos tus engaños, esos con los que te engañaste a ti y a mí no. Te los escribo porque estoy sacando la basura de mi interior. Alguien más quiere ocupar un espacio dentro de mí y pienso demoler la suite que te construí.
Adios, deseáme buena suerte, aquella cuyo momento perfecto para conquistar es ahora...
Adios, deseáme buena suerte, aquella cuyo momento perfecto para conquistar es ahora...
No hay comentarios:
Publicar un comentario