sábado, 7 de abril de 2012

Procrasti... ¿Qué?

Llevo más de 3 semanas durmiendo mal. Tengo múltiples causas que lo explican pero ninguna que de peso lo justifique. En primera, desde que uno de mis mejores amigos me presentó a su cuñada para que ella y yo andemos, me centro demasiado en las pláticas y eso termina por invadir mis horas de sueño. Aunque ella es atractiva hasta cierto punto y si no es muy culta, por lo menos es lo suficientemente elocuente para mantener una conversación conmigo (¡¿Dos horas y media por celular?! WTF?), no me termino de convencer de que podamos llegar lejos; espero ella sea la que me convenza a mí.

Otra de las causas ha sido que de forma recurrente pienso en Lorena (mi ex maldita) antes de dormir. La extraño y cada intento amoroso que tengo me recuerda mucho lo que vivimos. Quizá idealizo todo lo que pasó con nosotros... quizá mi cerebro obsesionado por otra dulce cantidad de endorfinas provocada por ella clame su dosis; no estoy seguro de qué exactamente me hace extrañarla pero algo es seguro: Esa mujer de la que me enamoré murió, ahora es otra y jamás las cosas serán lo que fueron. A decir verdad, extraño más la relación que a ella misma (que espero suponer correctamente que es un paso hacia adelante en mi duelo amoroso, desplazando el objeto de amor de la persona hacia la pareja). Tengo que admitirlo: todo lo que rodeó nuestra relación en su momento fue ideal para que ésta llegase tan lejos, aunque, por desgracia, fueron más sacrificios de mi parte que la mantuvieron viva que por parte de ella. Éste tipo de reflexiones llegan a invadirme en continuas noches esperando ser resueltas y me impiden concretar el sueño.

Otro motivo que impide que mi sueño sea resuelto es una muy extraña: No puedo dormir más allá de las 9 am. Es molesto e irritante. Por lo general, dan las 8 am y ya estoy despertando. Si intento dormir de nuevo, con suerte, sólo consigo una hora más de reposo... Y no entiendo porqué. He llegado a creer que mi subconsciente me está atormentando así para recordarme que todas las mañanas tengo que encargarme de mi escuela (ésa a la que llevo un mes sin asistir y de la que seguramente ya me la pelé con derechos a examen). Y no me extrañaría ni siquiera un poco; me gusta tanto la carrera que en parte, mi perfeccionismo me impulsa a, si no voy a destacar en ella, mejor que ni la saque. Por desgracia, no puedo darme el lujo de andar por ahí iletrado y menos, con las oportunidades de empleo tan miseras y carroñeras que hay en mi ciudad.

Pero, pese a que éstos y otros factores influyen a que duerma tarde, tengo que arrodillarme ante la resignación y el autoconocimiento que señalan que la principal razón y causa de mis males es y será: la procrastinación.
Muchos de ustedes podrán decir que estoy exagerando, que sólo es hueva, falta de voluntad o que estoy evadiendo la responsabilidad de mis actos. Bien, en parte es cierto, pero agréguenle ustedes a eso una depresión profunda (digo profunda porque por lo general, ni yo la noto), una apatía hacia el compromiso, una crisis en la definición personal de prioridades y una falta de concentración que me aqueja desde niño y ¡VOILÁ! Tiene usted un claro ejemplo de una procrastinación crónica que destruye vidas ordinarias.
La semana pasada, hablando con mi padre de lo grave que es mi caso, insistió en que era momento de pedir ayuda profesional. Siempre he sabido que necesito ayuda, pero jamás creí verme orillado en la situación de que, si no obtengo ayuda, no puedo llevar una vida ordinaria. Por desgracia ése es mi caso.
Y precisamente por eso tampoco duermo: Quiero dormir pero lo postergo por distraerme en nimiedades. Y lo que sea que tenga que hacer en primer término para mí nunca lo es así y siempre lo desplazo hasta que... Bueno, así es la historia de la procrastinación.

Cualquiera que pudiese ser la causa de mi mal que ya me impide tener una vida común y ordenada y que poco a poco carcome mis planes de vida, lo cierto es que necesito ponerle un alto (y de preferencia, definitivo). Pero ¿Saben en qué raya mi problema? Que ahora que atenderme es urgente, no lo haré, si no que me ocuparé de lo más estúpido y poco productivo posible hasta que sea orillado a hacerlo.
Pero no me siento tan esclavo de mi propia situación; aún confío en que puedo lograr llegar más allá.... aún tengo fe en recuperar mi concentración y con ella, todas las virtudes que de momento se ven opacas por mi falta de atención al desarrollo de ellas. Algo ha de pasar...

Seguidores